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Sierra Elvira, CxM Sierra Elvira
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CXM SIERRA ELVIRA. DÉCIMA EDICIÓN.

CXM SIERRA ELVIRA. DÉCIMA EDICIÓN.

SierraElvira

Fotografía: Andrés Castillo.

Dicen las gentes del lugar que mientras las cumbres de las sierras cercanas se visten con el  blanco de la nieve cuando el invierno golpea con fuerza a la ciudad de Granada y a sus alrededores, Sierra Elvira permanece inmune a su efecto. Los copos de nieve se derriten apenas caen. Su vida es efímera. El color cobrizo permanece.

Sierra Elvira está llena de grietas naturales, cuevas y simas, que en algunos casos permiten la entrada en su interior para comprobar que un acuífero termal subterráneo la cruza por completo, vertiendo sus aguas por el sur, en la Vega de Granada. Son aguas que parecen llenas de vida. Recorren todo su interior sin descanso elevando la temperatura de sus caminos y senderos, y evitando de esta manera que la nieve y el hielo se acumule en aquellos lugares por donde en una horas pasarán los corredores de la décima edición de la carrera por montaña Sierra Elvira, una vez más prueba de la Copa de España FEDME.

Anoche me introduje en el interior de esta montaña por la conocida sima Raja Santa. Quería comprobar cómo es la vida allí dentro la noche previa a la celebración de una edición más de esta mítica carrera de montaña. A pesar del frío invernal que se vivía en el exterior, y de las duras previsiones meteorológicas que se esperaban para la mañana siguiente, las aguas termales estaban increíblemente tranquilas. Parecían haber olvidado que en pocas horas, un grupo de valientes corredores iba a atravesar sus dominios a gran velocidad necesitando su ayuda para evitar que se formara el hielo y la nieve. No entendía el porqué de esta calma y corría nervioso por el interior de esta sima buscando una explicación. Hasta que llegué a una sala natural que hacía las veces de cuarto de máquinas. Entonces todo cambió. A las seis de la mañana en punto, el agua comenzó a agitarse con gran fuerza. Parecía hervir. La calma se había roto a la vez que la temperatura en el interior de la montaña subía con gran intensidad. El mecanismo se había puesto en macha. Los corredores no tenían nada que temer. El secreto de Sierra Elvira había comenzado un año más. Pronto todo el ambiente se impregnó de un vapor de agua tan denso que me obligó a abandonar aquella cueva subterránea dejando que el espectáculo continuara en el interior. Para el que estaba a punto de comenzar junto al Lago de la Ermita de Atarfe, aún quedaba una hora.

Ya fuera, me dirijo oculto por la noche hacia un punto desde el que poder ver la salida de esta prueba convertida ya en una clásica del sur peninsular. Allí están todos tomando posiciones. Zaid, Iván, Dani, Juan, Andrés, Manu, Alberto, Gemma, Blanca, Belinda, María, Vanesa… Todos miran a un cielo negro que parece que este año no concederá una tregua. La batalla será dura. Sus caras muestran concentración y respeto por lo que están a punto de vivir. Temor. Yo  también lo tengo. Si se forma hielo en las crestas por las que tienen que pasar, la situación puede llegar a ser bastante delicada.

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