Noruega había quedado atrás, pero Connor Herson no había terminado de explorar los límites del trad. El siguiente destino era Annot, en el sur de Francia, y la línea en cuestión no admitía medias tintas: Bon Voyage (9a), la vía trad más dura de Francia, abierta por James Pearson. Secciones de búlder extremadamente exigentes con seguros alejados entre sí. Una ruta que no regala nada.
En esta parada, Connor comparte proceso con Jacopo Larcher, que conocía la vía de viajes anteriores y que, más que compañero de cordada, ejerce de mentor. Le enseña a ser paciente, a no lanzarse sin estrategia, a ser deliberado en cada intento. Una lección que va más allá de Bon Voyage. El crux de la vía se reduce a un agarre de un solo dedo —un mono— que durante ocho días fue arrancando piel sin piedad. El escalador estadounidense probó dedos, ángulos y formas de carga distintas mientras el inventario de piel sana se agotaba. Una negociación silenciosa entre el cuerpo y la roca que, al final, encontró su respuesta.
Pero lo que más valora Connor de este viaje no es el encadenamiento en sí, sino el cambio de mentalidad que lo hizo posible: pasar de escalar con miedo a caer a escalar por el simple hecho de escalar. Esa, dice, es la victoria real.








