“Si no somos capaces de cambiar las cosas hoy, pienso que nuestro deporte al aire libre está verdaderamente bajo amenaza”.
Con su habitual mezcla de ironía y lucidez, Lachat ejerce de guía a través de algunas de las paredes más icónicas del mundo —Fontainebleau, Oliana, Margalef, Buoux, las Calanques, Hueco Tanks, Yosemite— para plantear una pregunta que cada vez resulta más urgente: ¿qué legado dejaremos a los escaladores que vienen después de nosotros?
El documental arranca con un repaso ágil y brillante a la historia de la escalada, desde las grandes expediciones alpinas del siglo XIX hasta la explosión de los rocódromos modernos y la consagración olímpica del deporte. Un recorrido que sirve para contextualizar la paradoja central de nuestro tiempo: nunca había habido tantos escaladores, y nunca habían estado tan amenazados los lugares donde escalar.
La masificación es el hilo conductor. Fontainebleau con aparcamientos que cuadruplican su aforo. Meschia, un bosque mágico de arenisca y castaños, cerrado por los comportamientos de quienes más decían amarlo. Acantilados clausurados por la nidificación de rapaces, por conflictos con propietarios privados, por la erosión silenciosa de demasiadas suelas sobre la misma roca. El documental no señala con el dedo. Lachat es el primero en reconocer que él mismo ha cometido todos los errores que enumera. Esa honestidad desarma y abre el diálogo donde la moralina lo cerraría.
El film recoge testimonios de una generación de escaladores que han pensado profundamente sobre todo esto: Chris Sharma, Dave Graham, Edu Marín, Patxi Usobiaga, Eline Le Menestrel, Julia Chanourdie, Alex Huber… Voces diversas que se preguntan qué significa progresar hoy, qué papel juegan las redes sociales en la sobreexposición de los enclaves, cómo conciliar la libertad inherente a la escalada con la responsabilidad colectiva que exige un planeta cada vez más saturado.
The Future of Climbing no ofrece respuestas fáciles. Es un espejo incómodo y necesario frente al que nuestra comunidad debe posicionarse. Eso es lo más honesto que puede hacer un documental sobre un problema que aún estamos a tiempo de no agravar. 50 minutos bien empleados.
* Subtítulos en castellano disponibles


