Diez horas, cincuenta y nueve minutos, cincuenta y nueve segundos. Un segundo menos de once horas para conquistar el K2, el segundo pico más alto del mundo con 8.611 metros, sin oxígeno suplementario. Un registro nunca antes alcanzado. Pero cuando Benjamin Védrines holló la cima el 28 de julio de 2024, algo inesperado sucedió: en lugar de euforia, sintió desilusión.
El documental K2 Chasing Shadows, dirigido por David Arnaud y Hugo Clouzeau, captura esta paradoja con una honestidad devastadora. Más allá de plasmar un récord de velocidad en la montaña, refleja el retrato íntimo de un hombre enfrentándose a sus propias sombras en la montaña más salvaje del mundo. Védrines proporciona un diálogo continuo de sus pensamientos y emociones más íntimos al regresar al lugar donde rozó la muerte dos años antes, mostrando estos sentimientos —terror, entusiasmo, triunfo, tristeza— en tiempo real.
“No puedo vivir sin las montañas”, confiesa el atleta de The North Face en el filme. Y sin embargo, en la cumbre del K2, rodeado del folklore de otros alpinistas, una brecha se abrió en su interior, entristecido por todo lo que le rodeaba. Esa fisura emocional revela lo que el documental explora con maestría: la disonancia entre llevar el cuerpo al límite absoluto y descubrir que el anhelo más profundo sigue sin resolverse. La distancia insalvable entre el atleta obsesionado con la velocidad y los récords, y el hombre que en su interior no comparte esos valores.
Rodado en el implacable Karakórum pakistaní, el filme no escatima en mostrar la belleza salvaje ni la brutalidad del entorno. Pero es en los momentos de introspección donde K2 Chasing Shadows alcanza su verdadera altura. El documental no termina en la cumbre. Tras lograr otro hito insólito, el de ser la primera persona en despegar desde la cumbre en parapente, y alcanzar el Campo Base, Védrines y su camarógrafo Seb Montaz participaron en el rescate de dos alpinistas italianos en grave peligro. Quizás ahí, en ese acto de fraternidad extrema, encontró algo que el récord no le dio: un propósito que trasciende la performance.



