Eneko Pou. El montañero eterno

Hermanos Pou

Eneko Pou. El montañero eterno

 

E  

neko es una referencia no sólo como escalador, también como montañero. Junto a su hermano Iker, conforman una de las cordadas más prestigiosas del mundo y que sin duda pasará a la historia de la escalada y el alpinismo. Hablamos con él y desde sus primeras palabras vemos que es un enamorado de este entorno, por encima de la dificultad en la actividad. Juntos hemos analizado parte de su vida para llegar a la conclusión de que lo más importante para él, es estar rodeado de montañas hasta el fin de sus días.

 

Texto: Kissthemountain

Kissthemountain: ¿No te has ido al final a Suiza?

Eneko Pou: No, mañana voy a Euskadi, a casa, y el lunes ya sí que marcho para allá.

K: A ver a los padres, ¿no?

E: Sí, hay que verlos. Cuanto más, mejor. Es necesario cuidar a la familia.

K: Hablando de familia, me voy a 1992, el momento en el que asciendes el Mont Blanc con tu padre y hermano. Mientras pensaba en esta charla, me ha gustado imaginar, y quizás esté totalmente equivocado, que es en la cumbre con ellos, a la edad de 18 años, cuando decides que quieres dedicarte a hacer actividad en montaña como una forma de vida. No sé si será éste el momento definitivo… ¿Existe este mecanismo de activación en el que asumes que quieres vivir plenamente en la montaña, darlo todo y hacer una carrera profesional de esto?

E: La verdad es que creo que no hay un momento exacto en el que me diga que voy a dedicarme a esto, sino que es la vida la que me va llevando a ello. Iker y yo somos de padres montañeros. Ellos se conocieron en la estación de esquí de Formigal hace muchos años. Hemos mamado montaña, por decirlo de alguna manera, desde que somos muy pequeños. Llega un momento en el que sí eres consciente de que quieres salir al monte y hacer actividades cada vez más importantes en el plano deportivo. Mont Blanc marca un antes y un después porque es una montaña importante para todos los europeos del oeste. Cambia la concepción al darte cuenta de que has subido tu primera “gran” montaña, pero antes de ésa, hubo muchas otras en Pirineos, o incluso en Euskadi. Yo creo que es la pasión por el monte y la necesidad de estar en él, las que llevan a invertir prácticamente todo tu tiempo en la montaña y a convertirte en profesional. Pero, ya te digo, es una evolución marcada por las ganas de seguir haciendo cosas cada vez más interesantes.

Hay un momento culminante en el año 2000, cuando mi hermano consigue escalar Acción Directa, la vía de escalada deportiva más importante y famosa del momento, y probablemente la más difícil también. Justo después hacemos nuestra primera expedición juntos. Yo había estado el año anterior, en 1999, en el Annapurna, en el último ochomil de Oiarzabal, con Juan Vallejo y Ferran Latorre. Annapurna y Acción Directa. Nos fuimos a hacer un programa con Al Filo de lo Imposible para escalar las “inescalables” en el Yukón, en Cánada. Al volver hay una conversación en la que le digo a mi hermano que él ha conseguido lo más difícil en escalada deportiva, y que a eso podíamos sumar mi experiencia en alpinismo. Yo entonces ya estaba en el Equipo Nacional de Jovenes Alpinistas. ¿Por qué no dar continuidad a esa expedición para seguir disfrutando de escalar montañas y hacerlo viajando? Es juntar dos de nuestras grandes pasiones. Es un paso detrás de otro que nos va llevando en esta dirección hasta lo que somos hoy en día. Desde pequeñitos sabíamos que la montaña nos movía, que era la fuente de nuestro motor vital. Saber esto en edades tempranas es una gran ventaja. 

 

Hermanos Pou

 

K: Has hecho alpinismo, has escalado a un altísimo nivel, has esquiado por lugares realmente complicados… Son muchas disciplinas en la montaña. ¿Qué te consideras ahora mismo?

E: Ahora, antes y después, soy montañero. Soy alpinista, soy esquiador de montaña, soy escalador de deportiva y de clásica, también de hielo. Soy un montañero. Soy un aficionado de la montaña y de las actividades al aire libre. Desde recoger setas a salir con la bici de montaña o a hacer una actividad importante y complicada. Ser montañero engloba todo esto. Incluso te diría que también soy un gran amante de las actividades en agua. De pequeños hacíamos 20 días en la montaña y 10 en el mar. A mi madre le gustaba. Disfruto mucho en el mar. Si no me dedicara a la montaña, seguro que haría surf o windsurf…

K: 1999. Si no es por Juan Vallejo y Ferran Latorre probablemente no estaríamos hablando ahora. Imagino que sólo tú eres capaz de comprender que pasó por tu mente en esos instantes en el Annapurna. Me gustaría que tratarás de contarme qué sentiste y si de alguna forma ese incidente ha condicionado tu actividad en la montaña.

E: Es un antes y un después. Hay un salto a nivel de motivación muy importante. Es como pasar de ser un adolescente a un adulto. Esa expedición para mí supuso eso. Yo era una persona muy motivada en aquella época, de una manera exagerada. En la expedición del Annapurna, por primera vez en mi vida, veo claramente que se puede morir con facilidad en la montaña, a pesar de que ya lo sabía. Yo podía ser uno de ellos. No lo veía lejano. La cabeza cambia totalmente y comienzo a ver la actividad de una manera más sosegada y reflexiva. Estuve en Annapurna en mayo, y en junio, con el equipo de Jóvenes Alpinistas, me marcho a la India a otra expedición al Himalaya. Ni siquiera quería estar en ese lugar. Fue algo muy curioso. Había soñado tanto tiempo con estar allí… Lo había pasado tan mal en Annapurna que me di cuenta de que estaba quemado física y psicológicamente. Sobre todo de cabeza. Necesitaba descansar y alejarme un poco. En el año 2000 se me matan en Las Grandes Jorasses en los Alpes, Pepe Chaverri, director del equipo, Pablo Salas y David Larrión, mi compañero de escalada invernal, un chaval muy joven. Teníamos 24 o 25 años. Fue un cúmulo de cosas que me hicieron salir del alpinismo duro durante dos o tres años. Volví con mi hermano. Fue un período reflexivo. Pensaba que si seguía en eso me iba a matar. Se juntó todo esto y cambié mucho a nivel de motivación. Volví a la roca y a la escalada deportiva que es mucho más segura.

 

K: ¿Qué paso en el Annapurna?

E: Pensamos que fue un edema, pero ya sabes, en Himalaya la gente se muere y no se sabe por qué. Mira Iñaki Otxoa de Olza, también en esta montaña, o Manel de la Matta en el K2… No hay nada seguro. Lo mío pensamos que fue un edema cerebral. Fue una sensación jodida pero te diría que de paz. Llega un momento en el que has sufrido tanto que cuando te pega la hostia gorda en la que no puedes ni andar y ni tan siquiera eres dueño de tus actos, prácticamente te da todo igual. No te da ni para analizar la jugada. Ni qué se queda por el camino, ni qué dejas… Estás tan jodido que no eres capaz casi ni de mantenerte en pie. Has pasado como a otra fase. No tengo el recuerdo de haber sufrido mucho y de haber sentido que iba a morir. Estaba totalmente dejado. No hay fuerzas para nada más…

K: Te tienen que bajar prácticamente…

 

“Fue una sensación jodida pero te diría que de paz. Llega un momento en el que has sufrido tanto que cuando te pega la hostia gorda en la que no puedes ni andar y ni tan siquiera eres dueño de tus actos, prácticamente te da todo igual. No te da ni para analizar la jugada. Ni qué se queda por el camino, ni qué dejas...”

 

E: Autónomamente no habría bajado. No tenía fuerzas. Latorre y Vallejo ponen en serio peligro su vida para poder sacarme de allí. Tengo un recuerdo nítido de ellos tendiendo las estacas para montar el siguiente rápel y yo tropezarme con la reunión sin montar. Podríamos habernos matado los tres. Ellos venían además muy cansados de cumbre del día anterior. Fue un momento muy difícil. Es de las pocas veces que no he sido dueño de mis actos. Siempre hemos sido escaladores, montañeros técnicos, y esto hace que consideres una ascensión de verdad cuando tienes autonomía en todos los sentidos, cuando sabes dónde montar un campamento, cuando lo eliges con seguridad, cuando eres capaz de hacer los largos… Y yo, en esos momentos, no tenía esa autonomía. También es verdad que a todos los que hacemos montaña de esta manera, esto nos ha sucedido alguna vez. Nos han tenido que echar una mano en la montaña. Es algo con lo que cuentas. La gente da mucha importancia a los rescates y al arriesgar tu vida por la de los demás, pero es que claro, tú también has pasado por ese momento y eso hace que no te lo pienses dos veces.

K: Es un poco lo que me contabas, ¿no? Esa mala experiencia es un paso más en tu carrera. Annapurna hace que te tomes la montaña de otra forma durante un par de años, y probablemente esto te lleva a formar la cordada que ahora sois Iker y tú. Parece como que el destino te va llevando hacia donde él quiere.

E: Sí. También es todo un síntoma de madurez. Cuando era joven tuve la época que comentabas antes de hacer cosas muy difíciles y peligrosas. Algunas con esquís ni se han repetido, que yo sepa. Tome muchos riesgos de los que la edad no te hace ser consciente. Cuando eres joven parece, y no es verdad, que no te importa matarte. Cuando creces, lo ves de otra manera. La vida es una cosa muy curiosa. De jóvenes no somos tan conscientes. Pienso ahora en el reciente premio Príncipe de Asturias que se le ha concedido a Messner y Wielicki. Creemos que debería haber habido un guiño a Carlos Soria. Mucha gente nos ha increpado. Yo conozco la historia del alpinismo perfectamente. La gente me dice que tenemos conocimientos suficientes para saber que ya entre ellos dos hay cierta diferencia, y de ellos a Soria mucha más. Lo sé perfectamente. Esos tíos son muy buenos y pioneros. Por supuesto que sí. ¡Pero ojo!, estamos hablando de un tío de 79 años que en lugar de estar en el sofá de casa disfrutando de sus nietos, intenta acabar los catorce. Eso tiene un mérito incalculable. A lo que voy… Iker y yo nunca hemos sido montañeros de apreciar la locura del momento de un chaval de 25 años que ha subido por un lugar y en un estilo espectacular. Está muy bien, pero lo valoro más si ese chaval sigue con 55 haciendo actividad a cierto nivel. Para mí es más importante la carrera que lo que se hace en un momento puntual de tu vida. Pero bueno, esto es una manera muy personal de entender estas cosas. ¡Oye, y que Messner y Wielieci no son simples ejemplos de juventud! Son tíos con una carrera importante de muchos años. Lo que quiero decir es que Carlos es un súper ejemplo para la sociedad, y que eso debería reconocerse.

 

 

K: Rabadá y Navarro, Terray y Lachenal… En el reportaje que os hicieron en el Informe Robinson decíais en un tono muy relajado y casi de broma, que una cordada es una pareja de hecho que se lleva bien. Seguro que hay algo más… La cordada que formáis Iker y tu pasará a la historia sin dudas. ¿Qué es para ti una cordada? ¿Qué encuentras en Iker?

E: Tu compañero de cordada es una persona con la que te atas a la cuerda y en cuyas manos pones tu propia vida, y viceversa, claro. Es algo casi espiritual. Cuando te encuerdas con alguien hay un vínculo vital en la actividad que haces. Y si encima la actividad es de alto nivel, el peligro de un accidente grave se hace mayor. Se forma algo muy bonito. Es una de las razones por las que ni Iker ni yo nos encordamos con cualquiera. Para nosotros es un momento único. Precioso. No sirve cualquier persona por buena que sea. Hemos desechado compañeros con muchísima calidad técnica porque personalmente no nos llenaban. Y nos ha pasado de gente con la que no hemos repetido porque no, porque las actividades las hacemos con amigos. Y con un hermano, pues es eso elevado al cubo, porque hay un lazo de sangre, porque te conoces desde pequeñito y porque quieres hacer actividad con esa persona. ¿Iker? Para mí es uno de los mejores escaladores de la historia. Es una suerte poder hacer actividad con él. Es un tío que prácticamente te va a sacar de cualquier sitio por su nivel y motivación. Es una gozada. Y en el plano humano, hablamos de un tío espectacular nacido para escalar, que lo vio claro desde que lo probó por primera vez. Y encima una persona especialmente humilde que nunca se ha dado demasiada importancia a sí mismo. Un tío cojonudo… Se me ocurren pocas personas mejores con la que puedas hacer cordada.

K: ¿Piensas en las consecuencias en el momento en el que estás realizando una actividad comprometida? Me refiero a la posibilidad de un accidente grave con desenlace fatal o a momentos de bloqueo total fruto del miedo o de la ansiedad. Situaciones en las que incluso habrías cambiado una grave lesión por estar en ese momento en casa… Además esto se puede multiplicar por el hecho de que el otro miembro de la cordada es tu hermano.

 

“Tu compañero de cordada es una persona con la que te atas a la cuerda y en cuyas manos pones tu propia vida, y viceversa, claro. Es algo casi espiritual. Cuando te encuerdas con alguien hay un vínculo vital en la actividad que haces. Y si encima la actividad es de alto nivel, el peligro de un accidente grave se hace mayor”.

 

E: La carga emocional por el hecho de ser Iker quien me acompaña es mucho más fuerte y la responsabilidad se multiplica. Yo soy el hermano mayor, además. Y también están muy presentes mis padres. No nos perdonaríamos que sucediese algo realmente grave. Es parte del juego. Eso lo tenemos asumido. Es lo que te decía antes con el caso del Annapurna. No ves que a ti pueda sucederte hasta que llega el momento. Estas situaciones de pánico las tenemos muy controladas. Son contadísimas las ocasiones en nuestras carreras. Sí se da a veces eso que comentas de qué mierda hago yo aquí metido. La montaña que se cae a cachos, o me he metido en tal marrón tan grande que nos va a costar salir… Pero ya te digo, son muy pocas veces porque no te lo puedes permitir, Juanmi. El pánico implica un desenlace fatal con casi total seguridad. Intentamos no llegar hasta ahí. Tienes que ser mucho más fuerte y controlar la situación antes. No meterte en ciertos sitios,  porque si lo haces mal o si llegas a una situación de gran ansiedad…

K: ¿Las has sufrido? Quizás no ahora, fruto de la madurez y del control, pero ¿y en el pasado?

E: Que me venga ahora a la mente… Pues en Annapurna cuando no controlaba la situación. Eso para un montañero es muy duro. En Antártida tuvimos un descenso muy complicado cuando abrimos la última vía de “7 Paredes, 7 Continentes”. Fue un descenso jodido porque a Iker le saltó prácticamente toda la reunión, y si llega a hacerlo la última pieza que era la única que le sujetaba… Fueron momentos de mucha tensión, pero los controlamos. Si no, no te estaría contando esto. Medimos muy bien donde nos metemos. Al final, nadie se quiere matar en el monte quitando a algunos que tiran de la cuerda más de la cuenta. El otro día alguien me preguntaba por esto y le decía que ahora mismo, con la experiencia que tenemos y el nivel físico y técnico alcanzado, podríamos hacer mucha más actividad en estilo alpino en Patagonia, Andes, Alpes, Antártida, en Himalaya o en los polos… Es decir, entrar con lo justo e ir a por todas. Pero no hacemos más porque es demasiado peligroso. Lo realizamos muy ocasionalmente cuando nos vemos muy preparados y estamos con muchas ganas. Y nos encantaría hacerlo, te lo juro, pero no, porque hay mucho riesgo. El mundo de la montaña no es el de hace años. Antes tenías la decisión en tus manos, pero ahora hay mucho más sponsors, estáis más periodistas de montaña, la presión es mucho mayor si no la sabes gestionar… Sales en la tele o en Kissthemountain… ¡Hostia! Ha cambiado. Si no tienes la suficiente madurez, puedes meterte donde no debes porque no estás preparado técnicamente. Nosotros lo estamos y no lo hacemos porque sopesamos todo esto. Hay gente que nos dice que con el nivel que tenemos por qué no hacemos determinadas actividades. ¡Porque no me sale de los cojones…! [Risas]. Ya de por sí de vez en cuando tienes situaciones jodidas, pues imagínate si te dejas llevar por lo que hay alrededor. Celebrando en la Chocolatería de El Chaltén, en una fiesta preciosa, la Supercanaleta del Fitz Roy que hicimos en cordada de tres con Fernando Irrazabal bajo unas condiciones muy malas, se me acercó un alpinista americano y me preguntó los motivos por los que estábamos celebrando esa ascensión si nosotros podíamos hacer cosas mucho más difíciles. Le dí una palmada en la espalda y le dije: “el día en el que tu hagas una actividad ahí arriba (mirando las montañas), tenga el nivel que tenga, y te organicen una fiesta así, volvemos a tener esta conversación”. [Risas]. Para nosotros la montaña es mucho más que una actividad difícil. Es mucho más espiritual. El contacto con el medio, disfrutarlo con tu hermano y Fernando, que después de 11 años sigue siendo nuestro amigo… Ayer estuve cenando con su familia en Mallorca.

 

K: Cambio de tema radical. En vuestra web, en relación al proyecto “7 Paredes, 7 Continentes” leo: “Durante el verano de 2005, los Pou verían cumplido otro de sus sueños. La mítica vía Eternal Flame en la Torre sin Nombre del Trango era uno de los objetivos fijos desde el inicio. La belleza de la propia Torre, el pedigrí de la vía y el hecho de sumar el alpinismo al proyecto supusieron un reto imposible de rechazar. Apuntaron muy alto y el resultado fue estupendo. Cumbre en la torre más bella del mundo y octavo grado a 6.000 metros en el Karakorum. Esta experiencia cambiaría el rumbo del proyecto. La apuesta por el alpinismo no tendría marcha atrás”. ¿Qué ocurre aquí?

E: La primera vía fue El Capitán, la segunda el Naranjo, la tercera el Tsaranoro en Madagascar, la cuarta el Tótem Pole, en Tasmania… Todas vías de roca. Al final del proyecto, impongo, por decirlo de alguna manera, mis reglas en la cordada. Las primeras cuatro vías habían sido más para Iker. En las siguientes tres le digo de hacer el cambio al alpinismo. La fama de nuestra cordada siempre ha venido por la roca porque es donde mejor nos movemos. En vías de pared, está claro que destacamos. El alpinismo, en cierta manera, para nosotros es más complicado en el sentido de que ofrece más reto. Mi hermano es más escalador y yo al amoldarme a él, también he sido menos alpinista. Lo que se trata, Juanmi, es de superarnos día a día, de hacer algo diferente. Hacemos una súper vía de roca que la gente ve como un pepinazo, pero quizás para nosotros no ha sido excesivamente complicada. De repente vamos al Trango con una altura de 6.300 y con una ruta de roca pero que exige también crampones. Aunque a la gente no le resulte tanto, para nosotros fue la hostia. Lo que le parezca a los demás, tiene importancia de cara a la gente que nos sigue y sponsors, pero jamás ha sido lo fundamental para nosotros. Hacemos la actividad porque queremos, aunque no se entienda. A ver si me explico… Las grandes pinturas no siempre se han entendido al principio, pero han pasado los años y se han reconocido. Por favor, que no te suene esto a fanfarronada porque no lo es. Hemos hecho vías de roca que no se han repetido. Si dentro de 10, 15 o 20 años se hacen, se pondrán en valor.

 

K: ¿Fue muy duro Eternal Flame?

E: Mucho. Fue un verano malísimo. Hicimos cumbre haciendo casi el 98% en libre. No conseguimos el objetivo completamente como lo teníamos previsto pero nos fuimos muy satisfechos. La altura es muy jodida, es una montaña muy técnica, y sobre todo el tiempo, que fue horrible. Estábamos 14 o 16 equipos intentando la torre y sólo la hicimos tres. Encima nosotros lo intentamos en libre. Nevó mucho, hizo mucho frío. Tuvimos que poner toda la carne en el asador…

K: ¿Qué tardasteis?

E: No recuerdo bien. Un día desde el campo base hasta donde empiezas la escalada, otro día hasta el hombro, un tercero de vivac en el medio, y el último día a cumbre. Otros dos para bajar. Seis días.

K: ¿Es Orbayu la pared más difícil del mundo?

E: A día de hoy probablemente no. Cuando la hicimos en 2009 era una de las más difíciles. Hoy ya no, pero sigue siendo de las más complicadas. Lo que es seguro es que es una de las mejores vías que han abierto los hermanos Pou. Esa línea no deja de sorprender a todo el que la intenta. Eso es lo que más nos enorgullece por encima de que sea o no una de las más difíciles, hoy o en 2009. Le dimos 8c+/9a, pero pensando que era 9a. Al año siguiente fuimos a los Alpes a hacer las tres vías de ese grado más complicadas con la intención de ver si nos habíamos equivocado. A nosotros nos resultaron menos difíciles que Orbayu. A los dos años llega una cordada belga/polaca que dice que la vía era más fácil de lo que habíamos dicho nosotros. Bueno… Yo que sé, Juanmi. Iker y yo no somos competitivos. Otros puede que lo sean. El afán de sacar pecho a costa nuestra fue claro. Creo que el tiempo ha puesto la vía en su sitio. Porque el problema es que cuando alguien baja de manera fuerte esta vía como lo hizo esta cordada, el resto, si son competitivos también, no se atreven a poner las cosas en su sitio. Pero hay algo que es cierto: las repeticiones posteriores han costado sudor y lágrimas. Sabemos la gente que la han repetido y lo que les ha costado. Tenemos claro que la vía está mucho más cerca de lo que dijimos nosotros que la corrección de la primera repetición.

 

K: Zerua Peak, la Antártida, la Torre sin Nombre, El Capitán, Tsaranoro, El Naranjo o incluso el Annapurna… ¿Qué proyecto te ha marcado más? Elígelo bien.

E: A nivel global “7 paredes, 7 continentes”. ¿Una en concreto? Déjame pensar…

K: Una que te marcó definitivamente.

E: Un antes y un después fue la expedición a la Antártida, el cierre de “7 paredes, 7 continentes”. Por primera vez abrimos una ruta difícil y muy expuesta en un sitio muy inhóspito y salvaje. Creo que hay una diferencia muy clara. Estilo alpino y la Antártida con el riesgo que eso conlleva. Sin saco, sin hornillo… A por todas. Y además por primera vez. Un sitio muy peligroso y comprometido.

 

“El pánico implica un desenlace fatal con casi total seguridad. Intentamos no llegar hasta ahí. Tienes que ser mucho más fuerte y controlar la situación antes. No meterte en ciertos sitios, porque si lo haces mal o si llegas a una situación de gran ansiedad...”

 

K: ¿A quién admiras?

E: [Reflexión]. Creo que a los cercanos. A mi hermano, por supuesto. A mis padres, por todo lo que nos han inculcado a nivel de valores en la montaña, no porque hayan sido alpinistas excepcionales. Amando lo que han amado el monte, lo que han sacrificado por nosotros… Mi padre hizo expediciones pero siempre antepuso la familia por encima de todo. Admiro a la gente cercana. También a los alpinistas que he tenido muy cerca. A Juan Vallejo que es un chico de mi cuadrilla y que siempre ha andado fuerte. A Ferran que lo dio todo por sacarme del Annapurna. A la gente que he tenido cerca que me ha aportado y me ha hecho crecer. Ellos ya saben quiénes son…

K: ¿Hacia dónde se dirige Eneko? ¿Te planteas hacer alguna actividad en alpino en Himalaya? ¿Lo descartas?

E: No descarto nada en mi carrera. He hecho de todo en el monte y quiero seguir así. Me puede seguir motivando hacer un descenso en esquí importante, o una escalada bonita. No le pongo barreras. Estoy abierto a cualquier cosa que me entre por los ojos, que me suponga un reto personal y que tenga belleza. A nivel de escalar, ojalá encontrásemos una Torre del Trango para nosotros y abrir la primera vía, que puede o no estar en altura… Una pared de esas de mil y pico metros para nosotros solos… Y si tiene nieve, mejor. Pero sobre todo, quiero seguir disfrutando de la montaña y que con un poco de suerte sea para toda la vida. Hacer una carrera como la de Carlos Soria sería brutal. Es un referente. Iker y yo hubo un momento en que pensábamos que mientras mantuviésemos la motivación nada nos pararía y que siempre habría un sponsor, pero desgraciadamente no es así. No dependerá de nosotros. Eso es un poco putada. Puede llegar un momento en el que necesitemos trabajar de otra cosa y esto nos saque de la actividad profesional en la montaña. Y hablo del tiempo y dinero para poder hacerlo. Montaña haremos siempre, pero nos gustaría hacerlo a nivel de soñar cosas importantes.

 

K: Del futuro me voy al pasado, a 1985. Tienes 11 años y realizas tu primera ascensión a un tresmil, al Taillón en los Pirineos. Si cierras los ojos y te desplazas mentalmente allí, ¿qué ves?

E: Veo un chaval muy pequeño con todas las ilusiones de un niño. En ese momento te divertías igual haciendo la cumbre del Taillón que bañándote en el lago de abajo o dando un paseo y comiendo tortilla de patatas con tus padres. Eres muy feliz. Tienes todo por delante. Una vez que has hecho el Taillón, cualquier reto mayor es superación. Con los años esto no es tan fácil. Para nosotros superarnos cada vez es más difícil, Juanmi. Nos volvemos locos para conseguirlo. Cuesta mucho.

K: Me ha encantado hablar contigo.

E: Lo mismo te digo. Me gustaría que hubieras entendido que lo que nos diferencia a Iker y a mí es que disfrutamos igual de una escalada complicada y grande que en algo sencillo con los amigos. Créeme. No podemos perder eso. Disfrutar del monte igual que lo hicimos en el Taillón…

K: Nos vemos en La Sportiva Rodellar Climbing Festival.

E: Unas cuantas cervezas nos tomaremos.

 

 

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