Ferran Latorre. Una charla a 8.000 metros

Ferran_Latorre. Una charla a 8000 metros

Ferran Latorre. Una charla a 8.000 metros

 

 

Ferran lo ha sido todo en el alpinismo como demuestra el hecho de haber alcanzado la cima de las 14 montañas más altas del planeta. Formó parte del equipo de Al Filo de lo Imposible y eso también le convierte en una persona con un criterio muy asentado y que le hace ver las cosas con mucha objetividad. Aprovechamos en esta charla estas circunstancias para profundizar en una conversación calmada, pausada y madura sobre muchos aspectos del alpinismo actual y sobre su trayectoria en la montaña. Espiritualidad y sentido común se dan la mano en estas líneas.

 

Texto:  Kissthemountain

 

Kissthemountain: Hola Ferran. ¡Por fin te pillo! Hace tiempo que tenemos ganas de hablar contigo.

Ferran: Llevo unos días de locos, Juanmi. Cuando quieras, empezamos. 

K: Perfecto. Aunque ahora iremos al Everest de 2017, al Nanga Parbat de 2016, al Annarpurna de 1999 o al Makalu de 2016, me gustaría empezar esta charla contigo, al igual que hicimos en el número pasado con Denis Urubko y Pipi Cardell, conociendo tus sensaciones tras lo vivido en el K2 en el último invierno, con luces y sombras. Por un lado, el equipo nepalí consiguió hacer esta cumbre que se resistía, pero por otro sufrimos la pérdida de varios alpinistas como Ali, Juan Pablo, John, Atanas y, sobre todo, Sergi Mingote. Denis nos decía que, en cierta medida, lo vivido en el K2 le recordaba al Titanic, con mucha gente tratando de subirse a un barco con quizás demasiada precipitación. Así que, si te parece, hablemos de todo esto. Vamos por partes. En primer lugar, me gustaría que sirviera el inicio de esta charla para que le dedicaras unas palabras a Sergi Mingote.

F: No me esperaba lo que pasó en el K2 porque uno es optimista y no piensa que tenga que ocurrir nada malo, sobre todo habiendo tanta gente que nos puede hacer suponer que todo puede ser más seguro. Y mucho menos con Sergi. Que un error o despiste haya acabado así es realmente injusto. Estaba seguro de que Sergi lo iba a conseguir. Tenía la intuición porque una cosa buena que tiene él es que sabe muy bien calcular qué es capaz de hacer y qué no, cuándo se dan las buenas oportunidades y cómo aprovecharlas. Es una persona que ha mostrado a lo largo de su vida que cuando se propone algo lo consigue. Y lo hace porque es muy realista con los medios que hay que utilizar para lograrlo. Iba bien encaminado y creo que este año lo hubiera conseguido. Pero un fallo… Esto nos recuerda lo que es el alpinismo. A veces pensamos que, con las nuevas tecnologías, material, medios que se ponen, puede ser un deporte más o menos seguro, pero eso no es más que una ilusión. De Sergi no sólo destacaría su vertiente alpinística, sino su proyecto personal. Es sorprendente que una persona siendo alcalde de una ciudad importante decidiera volver al alpinismo, y haberlo llevado a cabo como lo ha hecho. Tiene mucho mérito. Valoro mucho a la persona, y no me ceñiría sólo a la cuestión montañera. Sergi era un personaje capaz de hacer muchas cosas con trabajo e ilusión en varias direcciones distintas.

K: Además, todo lo hacía con un gran componente social e inclusivo. Denis Urubko estuvo con él en Andorra semanas antes de partir para el K2, y nos decía un poco lo mismo que tú: que tenía la intuición de que iba muy preparado. Y lo contraponía un poco a este circo que él pensaba que se había formado en el K2 y del que establecía la relación con el Titanic. Admiraba mucho lo que hacía Sergi. Su punto de vista más deportivo del alpinismo lo consideraba necesario en la comunidad. Y al igual que tú, pensaba que lo iba a lograr. 

F: Ha habido mezcla de gente muy bien preparada bajo un paraguas que es el de Seven Summit que ha demostrado que es capaz de organizar expediciones con éxito, sea cuales sean los medios empleados para conseguirlo, como indica el hecho de que pusieron mucha gente en la cumbre y bajaron todos vivos de una manera impecable. Luego ha habido otros alpinistas con quizás falta de experiencia en algunos casos. Y finalmente, gente más autónoma y fuerte como Tamara, con quien estuve en el K2 en 2014 y que tiene una gran experiencia. Al fin y al cabo, ha pasado lo que ocurre últimamente en estas montañas, que es que cuando hay un grupo fuerte se genera un efecto llamada de gente que se apunta un poco al carro, como satélites. La verdad es que es sorprendente que haya ocurrido todo esto. No puedes intuir que habrá accidentes cuando ves toda la infraestructura de Seven Summit. Tengo la impresión de que debería haber discurrido de una manera más normal, entre comillas. No ha sido así, pero tampoco he estado allí y hay detalles que se me pueden escapar.

K: Antes de entrar en tu carrera, con el criterio que te da tu trayectoria, me gustaría que valoraras la cumbre del equipo nepalí en el K2, donde también veo luces y sombras. Por un lado, una cumbre muy importante en invierno, pero por otro los medios con los que se ha realizado, con el uso de oxígeno. Yo me quedo con la justicia poética de que hayan sido precisamente ellos quienes lo han conseguido.

F: Me fijo en la parte buena de esta historia. Es como todo en la vida, en la que puedes ver el vaso medio vacío o medio lleno. También tengo que decirte que hay algo personal porque conozco mucho a algunos de Seven Summit. Hice cumbre en el K2 con alguno de ellos en 2014 y también participaron en el rescate de Juanjo Garra.

 

 

Cuando es gente que aprecias y con la que has compartido muchas cosas, te alegras de que les haya ido bien. Lo más bonito es esa justicia poética de la que hablas. Que hayan sido ellos quienes hayan subido el K2 y de manera tan eficiente me satisface. Es una buena lección y creo que se lo merecen. Lo han hecho de manera honesta y sin mentir. Es verdad que han utilizado medios clásicos. Y ahí viene la valoración más alpinística, que es siempre personal ya que esta disciplina no tiene normas ni reglamentos escritos. Las valoraciones las hace cada uno según sus opiniones personales y su ética. La mía es positiva y me encantó que la hicieran ellos. La imagen de esperarse para subir juntos es muy bonita, y que además Nirmal Purja lo hiciera sin oxígeno… Siempre que se ha roto una barrera en el alpinismo, los primeros lo han hecho de una manera y los segundos lo han mejorado. Ahí está el debate que no sólo existe en el Himalaya sino en todos los ámbitos del alpinismo o incluso de la escalada en roca. Cuando hay un hito por resolver, con qué medios hay que hacerlo. Te pongo un ejemplo. Cuando se escaló la maestri en el Cerro Torre se utilizaron medios que ahora nos parecen poco adecuados, pero ¿es legítimo que se usaran para romper esa barrera? Porque si no, podríamos dejar de escalar todos pensando que quizás alguien lo haga mejor en el futuro. Hay que valorar la situación en el momento en el que se ha hecho. Lo que quiero decir es que es verdad que se ha escalado el K2 en un estilo pesado, que hubiese sido mejor hacerlo de una manera más pura y actual, pero con el estilo de hace unos años se le ha dado oportunidades y no se ha conseguido. Por tanto, no me parece tan mal que haya habido un retroceso en los medios para lograr esa primera invernal al K2. No me parece tan atroz. Que es mejor lo otro, pues claro que sí, pero te digo que hay que verlo de una manera global. Han utilizado su estilo, como los rusos en su día lo hicieron para abrir la oeste del Makalu, con equipo pesado y cuerda fija. Tiene el mérito que tiene.

 

 

Han escrito una página de la historia. ¿Que se podría haber escrito mejor? Indudablemente. Ellos lo han hecho y punto y final, y además de manera muy eficiente y rápida. 

K: Urubko también valoraba lo que tú comentas, que había sido todo muy eficiente. 

F: Sí, y Denis es un tío con convicciones muy firmes. Sabemos lo que es la perfección ética en el alpinismo. A partir de ahí, todos hacemos un poco lo que podemos. Y por esto mismo, tenemos que ser un poco menos beligerantes, sobre todo cuando se rompe una nueva barrera y se consigue algo que quedaba por hacer. Ya está hecho. Me parece más bien que mal como se ha logrado. Ya vendrán nuevas generaciones que mejorarán esto como siempre ha pasado en la historia del alpinismo. La sudoeste del Everest se escaló por los británicos, por Doug Scott, con cuerdas fijas, campamento, sherpas y oxígeno, y no por eso hay que minusvalorar lo que se logró en aquella época. Es verdad que el ascenso del K2 ha sido con medios más de aquellos años y que los nepalíes han retrocedido en estilo.

K: “Ante mí estaban los últimos mil metros de mi proyecto, el sueño de mi vida. Intenté subir sin oxígeno, pero las condiciones climatológicas eran malísimas. Tuve dudas, pero decidí usarlo. Necesitaba subir y cerrar el círculo. Hice todo lo que pude. Estoy muy tranquilo conmigo mismo. La cumbre fue un momento muy emocionante a pesar de la dureza en las condiciones. Ha sido la única cima de un ochomil en la que no me he fotografiado con la imagen de mi hija. Tengo que volver”. Son palabras tuyas tras completar, al fin, el reto de las 14. Además de esa imagen con la foto de tu hija, ¿sientes que el Everest te debe algo? No puedo evitar pensar en ese momento en el que tienes que renunciar a esta misma cumbre para rescatar a aquel sherpa de la expedición chilena en 2012.

F: Es una pregunta difícil. Es evidente que me hubiese gustado subir sin oxígeno. Volvemos un poco a la zona de grises. Con la cantidad de veces que lo he intentado, puedes llegar a creer que las montañas tienen alma y que deciden cosas por ti. Es una visión muy romántica que a veces he tenido. He estado debajo del Makalu o del Everest y les he pedido que me dejasen subir y que no me pasara nada malo. A veces pienso que el Everest se podría haber portado un poco mejor conmigo. Además, el día de cumbre hizo mal tiempo, y después de tantos intentos me podría haber dado la oportunidad de tener un día bueno para ver el planeta Tierra debajo de mis pies, algo que no pude por la niebla. No es exactamente lo que hubiera querido, pero al final miro toda mi carrera deportiva y pienso que no ha estado mal, ni siquiera ese final. Subí como pude. En este sentido, estoy tranquilo. Me habría encantado haberlo hecho sin oxígeno, como también me habría gustado conseguir otras cosas que no han podido ser. Hay que saber convivir con aquello que no sale tal y como se ha planeado. Al final, me quedo tranquilo por el relato de mi trayectoria. El Everest es una más. 

K: Las imágenes de tu renuncia en el Everest en 2012 por rescatar al sherpa que te comentaba son de una gran emoción. Tus lágrimas finales en el vídeo muestran tu impotencia al tener que renunciar a una posible cumbre por seguir tus valores y ayudar a alguien que lo necesitaba.

F: Sí, es así. En el Everest he estado siete veces y he vivido de todo. Podría pensarse que es una relación de amor y odio con esta montaña, pero al final es amor. He pasado allí muchos días de mi vida y es una montaña muy especial para mí, para lo bueno y para lo malo. En el Everest perdí a un compañero en el año 1995 que allí está enterrado [Pensamos que Ferran se refiere a Xavier Lamas]. Es una montaña también muy especial porque me ha puesto límites.

 

 

 

Es como el símbolo de mis limitaciones, de humildad en el fondo. Hay que aceptarlo así. El Everest quizás no, pero la mayoría de las montañas han sido generosas conmigo. He tenido suerte. He conseguido hacer los 14 y sigo vivo y entero, y ese es un regalo muy importante que me han hecho las montañas. Que el Everest me haya quitado algo no quiere decir que las montañas no hayan sido justas conmigo. 

K: Tampoco el Everest es la más difícil y sin embargo parece que es la que más trabas te ha puesto. También hay un componente de suerte… 

F: Puede ser. De suerte o de paranoia mía, quizás. Es lo que te he dicho: es el símbolo de mis limitaciones que no sé si son fisiológicas o incluso mentales. No es la más difícil, pero sí la más alta y el oxígeno es más escaso. Pero como te digo, no sé si es más mental o fisiológico. El día de cumbre me asusté un poco por el mal tiempo. Además, había tenido apnea por la noche. Es una pena porque llegué muy fresco al Collado Sur que era lo más importante para mí para poder hacer cumbre. Entre todo esto, tuve dudas. Tenía algo de miedo de no volver… Son paranoias que te cogen por la noche, que es muy traicionera. No ves nada, estás solo, te entran las dudas… Yo sé qué es lo mejor y cuál es el bien supremo, pero ese día acepté mis limitaciones y aterricé en esos grises que supone el uso de oxígeno. Me sabe mal, pero viéndolo todo desde una perspectiva global de mi historia en la montaña, estoy agradecido por todo lo que me ha pasado y soy consciente de que me quedan aún muchas cosas por hacer. También me hubiera gustado escalar 8c y no lo hice, escalar el Cerro Torre y no lo he hecho, el pilar oeste del Makalu que he intentado dos veces sin conseguirlo, el Broad Peak en invierno… Hay muchas cosas que no he logrado.

K: Ferran, ¿cuántos años tienes?

F: 50.

K: Todavía te queda, ¿no?

F: Bueno, ahora trabajo bastante de guía de alta montaña. Estoy más o menos en forma, tengo salud, pero siempre está la paranoia de que te vas haciendo mayor. Es como una espada de Damocles sobre ti. Pero ahí estoy. 

 

 

 

 

Lo más importante es tener ilusión por moverte, salir al monte y sentirte en forma. Eso sí que lo mantengo. Quiero seguir escalando e ir a lugares en los que no he estado. En eso todavía soy como un niño pequeño.

K: Me voy ahora a tu cima en el Nanga en 2016.En el ataque a la cumbre salimos muy tarde de la tienda. La noche anterior habíamos pasado mucho frío. Había mucha nieve. En los últimos 200 metros iba fundido, incapaz de abrir huella. Nunca había estado tan vacío de energía. Tengo que agradecerle a Boyan la cumbre del Nanga. El búlgaro estaba muy fuerte aquel día y abrió estos últimos metros. Fue un regalo precioso. Pocas veces he tenido esa sensación de soledad como aquí, por estar tres personas solas en una montaña tan grande, por estar profundamente agotado…”. Háblame de esa soledad. ¿Es algo que hoy echas de menos o por el contrario te causa respeto?

F: La sensación de soledad es uno de los grandes incentivos u objetivos que uno busca en la montaña. Son esas sensaciones las que causan esta adicción, y seguramente para mí las más importantes. Sentirte en un lugar salvaje muy lejos de todo… Eso también se puede vivir en un desierto o en un bosque de Canadá, pero es verdad que las situaciones límite te aíslan más todavía de la realidad. Los lugares inalcanzables, como la cumbre del Nanga Parbat, te ofrecen mayor sensación todavía. Muy pocos pueden llegar y se hace después de un gran esfuerzo. Es un lugar muy exclusivo, y esa exclusividad es la que te hace sentir lejos de todo. Es la razón más profunda por lo que yo me he dedicado a esto. ¿Lo echo de menos? Si, pero no. También la busco aquí en casa, en el Pirineo. Hay días de esquí de travesía en la que voy solo, entre semana… No es lo mismo, pero se acerca. Esa conexión con la naturaleza que se produce cuando estás solo contigo mismo y oyes su latir es una sensación muy bonita que he vivido en el Himalaya, pero también en muchos otros lugares del planeta Tierra. 

K: ¿Hay también miedo además de soledad?

F: La relación con el miedo es cada vez más difícil. Conforme te haces mayor, seguramente más miedos tienes. También puede influir el hecho de ser padre, pero no lo sé con seguridad. Nadie sabe cómo fluyen las cosas en el subconsciente, pero el resultado es que tienes más miedos. Lo notas porque de joven no recuerdo sufrirlo tanto. No sé si es que no los tienes o si el ímpetu y las ganas los ocultan. Debe de ser una mezcla de las dos cosas. Seguro que cuando eres joven, por desconocimiento, no ves tantos miedos que luego la experiencia te muestra mejor por lo que has vivido tú o por lo que ha pasado algún compañero. Esto hace que estés mucho más alerta y que te des cuenta de que todo es más peligroso de lo que pensabas. Y luego está el ímpetu, que hace que ese miedo se cubra de una manera natural. Es como una coraza que lo elimina. Tienes tanta ambición, ilusión y ganas de demostrarte a ti mismo… Pero ese ímpetu acaba desapareciendo y no logra cubrir el miedo. ¿Qué haces cuando llega? Utilizar la racionalidad. Existe ese juego de saber hasta qué punto se arriesga, hasta dónde se lleva un límite que es intuitivo. Con la edad se analiza todo mucho más. Ahora se valoran en mayor medida las condiciones de la montaña, la temperatura, la forma física, el compañero… Es una aproximación racional en el sentido de que analizas más los elementos, pero al final la decisión es intuitiva porque no hay una máquina que te diga el nivel de riesgo que estás asumiendo. Eso no existe. Haces una valoración subjetiva y tomas la decisión, cosa que antes, de joven, no practicaba tanto.

K: “En el Everest se cerró un círculo que se inició con aquella ascensión a Punta Alta (3.014 m.) con tan sólo catorce años, y que terminaba 5.834 metros más arriba y 33 años después. Un proyecto que ha sido impulsado por lo que espero que siga siendo la fuente de iluminación de mi vida: la pasión, la de aquel niño que prometió un día en la página de un libro que subiría la montaña más alta del mundo”. Muchas historias, algunas trágicas y otras de alegría desbordante. Ferrán, quizás sea tu cumbre en el Annapurna en 1999 por tu unión a Al filo de lo Imposible, tal vez la del Makalu en 2016 cuando después de cinco intentos le pides a Hanz Wenzl que te deje hacer los metros finales, o la que ponía punto y final en el Everest. ¿Qué momentos crees cruciales en tu carrera?

F: Te diría que mi primer ochomil en el Shisha Pangma, cuando escalé la MacIntyre-Colton en las Jorasses o, mejor aún, la trilogía que hice con Patrick Gabarrou en el 95, también el Annapurna con Al Filo de lo Imposible… [Ferran piensa antes de continuar]

K: ¿La que te he comentado del Makalu?

F: Sí, le tengo mucho cariño a esa montaña. Es mi ochomil preferido, más incluso que el K2. Es un mamotreto bestial. Visto desde el Hillary Camp es una brutalidad de montaña. Tiene una historia muy bonita con la primera ascensión de Lionel Terray, que es uno de mis ídolos. También está el Gasherbrum IV, evidentemente. Pondría también el K2 y el ascenso al Nanga Parbat. Esos son mis momentos más cruciales de la montaña.

K: Con Gabarrou tenemos ganas de hablar. Hace poco tuvimos una charla con Fabio Meraldi. No sé si lo conoces.

F: Sí, claro.

 

 

K: Pues me sugirió hacer algo con Gabarrou o Profit y tenemos muchas ganas. 

F: Fabio es un fenómeno.

K: Y muy cariñoso. Ha sido pionero en esquí de montaña, skyrunning, y también en escalada. Estuvo en la primera competición que se hizo en Bardonecchia.

F: No sé si me dejo algún momento álgido de mi carrera. El primer ochomil en el Sisha Pangma, la trilogía con Patrick Gabarrou, el Annapurna con Al filo de lo Imposible, el Makalu, el Gasherbrum IV, el Nanga y el K2. Subir al K2 le hace ilusión a cualquier alpinista. También el Everest por cerrar el círculo y terminar los 14.

K: Leí también de ti tus tres motivos para hacer alpinismo: belleza, reto y curiosidad. ¿Me hablas de ellos?

F: Es algo sobre lo que he reflexionado en alguna ocasión y que es muy difícil de responder como todas las grandes preguntas que nos hacemos los seres humanos. Gracias a que no hay una respuesta clara, existen la literatura y el arte. Es una pregunta sin respuesta fija para la que cada uno tendrá sus razones. Parte de una reflexión que es lo que hablábamos antes. ¿Cuál ha sido el imán de esta historia? ¿Por qué hacer algo tan antibiológico? Últimamente doy esta respuesta, pero igual la cambio algún día fruto de la reflexión constante. Siempre cito que escalo por la belleza, el reto y la curiosidad como razones, que no son tales porque esto es irracional. Hay una parte estética importante, una atracción por la naturaleza que hace que quieras ir allí. Puede ser un desierto, una playa paradisíaca o un bosque. No tiene por qué ser una montaña. O incluso una foto de Marte. Existe esta parte que es muy estética. Los seres humanos estamos diseñados para que nos atraiga la belleza del entorno natural. Es algo muy primario, un impulso muy primitivo. Todos reconocemos la belleza pura de la naturaleza. También hay una parte de reto. El ser humano es competitivo. Le gusta plantearse retos. No sólo pasa en alpinismo sino en todos los ámbitos. Sólo es necesario ver algo difícil para intentarlo. A todos nos gusta medirnos y ver que progresamos. Es realmente absurdo porque da igual, pero nos gusta mejorar. Es una parte muy psicológica del ser humano en la que entra el ego. Estamos hechos así. Nos emociona conquistar una cumbre o conseguir algún desafío. Finalmente, hablo de curiosidad, que es algo mezcla de lo que hablábamos antes, de ese querer estar en lugares exclusivos, de pisar territorio salvaje. Ves una montaña y quieres saber qué se siente estando allí arriba. 

 

 

 

K: Una de las cosas que más me ha gustado de esta charla es cuando me has hablado de hablarle a las montañas. Y creo, como tú, que la belleza, el reto y la curiosidad que aplicas a la actividad deportiva, pueden dirigirse también a un reto profesional o incluso a una mujer o un hombre que nos atrae físicamente. Quiero estar con esa persona porque es bella, me supone un reto y además tengo curiosidad por saber qué se siente junto a ella. Pero hay una diferencia grande que es esto de la espiritualidad, de sentir que la montaña manda.

F: Claro, porque hay un componente en todo esto que te he dicho que no existe en otras disciplinas deportivas o en una relación con una mujer, y que es el hecho de que nos jugamos la vida. y ahí hay un punto entre la vida y la muerte que le da misticismo a esta historia, desde mi punto de vista. Estás en el límite de tu vida…

K: Y por eso hablas con ella. Es como si alguien te coge en un callejón y te quiere matar. Intentas hablar con esa persona para que te dé una oportunidad. 

F: Ser consciente de que estás vivo es algo muy bestia, tanto que es inexplicable. Quieras o no, el hecho de rozar la muerte o estar en ese limbo indefinido entre ella y la vida te hace sentir más vivo al mismo tiempo que preguntarte dónde estamos, qué hacemos aquí, qué es exactamente la vida. Ese punto de espiritualidad es un añadido del alpinismo que no tienen otras actividades. Me afecta esto mucho. Cuando bajo de una cumbre, soy consciente de lo que he conseguido, pero también de que he sobrevivido.   

K: Termino ya. ¿Quieres volver a hablar con el Everest?

F: [Risas]. Tengo ganas de volver, pero sin tener la necesidad o la obligación de subir. Sin presión. También regresar al Campo Base del Makalu. Echo de menos el Karakórum, simplemente por verlo y estar allí para recordar las experiencias vividas. Sí, tengo ganas de hablar con el Everest y también con las otras montañas. 

K: Al Everest tienes que echarle una bronca.

F: No, pobrecito. Ya le tratamos muy mal. Es la montaña de mis sueños. Ha sido lo que ha sido, pero ya he estado allí arriba.

 

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