JOSUNE BEREZIARTU. Pionera

JOSUNE BEREZIARTU. Pionera

 

 

Pionero. Ese adjetivo que en tantas ocasiones se regala con facilidad a muchas personas, toma en Josune su máxima expresión. Ella consiguió los primeros 8c, 8c+, 9a y 9a/+ de la historia, siendo la única novenogradista durante prácticamente una década. Basta decir que cuando encadena Bimbaluna [9a/+] iguala el grado máximo alcanzado por un hombre (faltaría todavía un año para que Chris Sharma lograse Biographie, el primer 9a+), salvando una brecha que años antes era impensable. Esto es ser pionera, esto es mostrar al resto de mujeres que escalar esas dificultades era posible. Hoy traemos a nuestras páginas a la gran Josune Bereziartu en una conversación en la que ella se abre por completo. Eskerrik asko, Josune.

 

Texto:  Kissthemountain

 

Kissthemountain: “Soy Josune y te escribo para darte las gracias por el artículo hecho y sobre todo por hacérmelo llegar. Para mí, es muy importante que escritores, periodistas, aficionados, amantes y practicantes de la montaña y de la Madre Naturaleza recuerden las raíces de la escalada y del alpinismo a las nuevas generaciones, para que así guarden el respeto, la ética y el amor verdadero, indispensables para ser un alpinista de verdad y no un simple practicante a la moda”. Josune, me enviaste estas palabras a raíz del artículo que publicamos hace unos meses sobre la evolución de parte de la escalada femenina mundial. Nos hizo mucha ilusión. Los tiempos están cambiando. Sin entrar ahora en el auge más que esperable de la escalada en rocódromo a raíz del olimpismo que trataremos más adelante, me gustaría que profundizaras en estas palabras. ¡Quizás sea una pregunta un poco intensa para comenzar! 

Josune: Hay un momento cuando dejas de ser un escalador novel en el que te desprendes de esa primera patina de puro divertimento hedonista que te proporcionan esos inicios en la propia actividad. Seguramente, es entonces cuando estás dispuesto y necesitas mas información, conocer la historia y hacerte con esa cultura que te llena. En definitiva, estás maduro para hacerte un escalador. Esta disciplina tan fascinante nos permite viajar e ir a sitios que nunca imaginaríamos ni visitaríamos. Entender dónde estamos y respetar el entorno, los lugares, las culturas y sus gentes es parte del mismo. Cualquier nuevo aficionado a la escalada comprueba como su vida se completa con una intensidad imprevisible de emociones. Pronto, sólo quieres escalar y escalar. En la escalada deportiva, el aspecto físico y la técnica pesan por encima de todo. Más adelante, cuando comienzas a acercarte a tu límite físico, debes desarrollar tu capacidad mental como motor. Por otro lado, el alpinismo y la montaña, aunque son actividades mas introspectivas, paradójicamente necesitan de un compañero con el que compartir las aventuras. Aúnas experiencias para poder realizar las escaladas, pero sobre todo juegas con el riesgo, lo ponderas y clasificas, y mantienes una entente que te deja ascender las vías sin la que es difícil entender el alpinismo. El compromiso con el riesgo sería la palabra clave que definiría el alpinismo. No se si me he ceñido mucho a la pregunta, pero aquí queda esta respuesta.

K: Tu trayectoria es conocida por todos los aficionados a la escalada. No obstante, para nuestros lectores más jóvenes, quería recordar que fuiste la primera mujer en hacer los primeros 8c (Honky Tonky), 8c+ (Honky Mix), 9a (Bain de sang) y 9a/+ (Bimbaluna), siendo la única novenogradista durante prácticamente una década. “El éxito es importante, pero creo que lo es más ser consciente de recorrer ese camino”. De nuevo unas palabras tuyas que escuché no recuerdo dónde. ¿Puedes hablarme de esta frase aplicada a tu persona? ¿Cómo recuerdas aquellos años en la que eras tú la que abría camino?

J: Abrir camino, ser pionero, mentalmente, es agotador, al menos eso fue lo que me supuso a mí. Tengo que poner en el contexto que en aquella época, en el País Vasco, había un nivel altísimo de escalada y yo me sentía y me hacían sentir como un escaladora mas dentro de aquel colectivo. La propia inercia del grupo que componíamos, la evolución que teníamos todos los escaladores, me llevó, por pura naturalidad, a los pocos años de empezara escalar, a estar intentando una vía de 8c. La realicé más rápido de lo que me hubiese imaginado, pero con un gran esfuerzo que sin dudarlo comportó un gran peaje, comprometiendo mis años de escalada. Todo aquel grupo de escaladores me empujó a intentar lo que aun no se había conseguido por ninguna mujer. Había igualado el límite escalado por una mujer (8b+, Lynn Hill) y me aupaban a que lograse superar una barrera, la del 8c.

Cuando ensayaba Honky Tonky (8c), sentía que luchaba contra un muro que por mucho que empujaba no lograba mover. El aliento puro de los amigos y el ánimo sincero de la gente que quería que escalase la vía hicieron, por el compromiso interno que adquirí por no defraudarlos, que la barrera física se tornase en una barrera mental franqueable. Cuando finalmente la encadené, sinceramente, fue porque adquirí un nivel físico muy superior al que la vía exigía. Rompí una barrera, una gran brecha en un muro que quedaba abierto para poder seguir superándome. Una vez traspasado, aquel primer hito que tanto me había bloqueado, las demás escaladas serían mas accesibles, aunque supusieran un gran esfuerzo y tuviera que echar mano continuamente de la herramienta del nivel físico. La Honky Tonky fue el primer 8c. El nombre viene de un CD de Hank Williams que solíamos escuchar cada vez que iba a probar la vía.

 

 

Este fue el pequeño homenaje que hicimos por todos los momentos de grata escucha de aquella música.

10 años más tarde, una vez escalada Bimbaluna, 9a/+, y conseguir escalar una vía de 8b+ a vista, sentí un gran vacío en mi interior. Humildemente, sentía que lo había hecho todo y que ya no tenía más energía para seguir progresando. Era como si hubiera alcanzado una madurez consciente de que mi creatividad había llegado a su final. Sentía que una y otra vez me repetía, defraudando mis ideales puros de belleza. Como a un artista al que se le ha acabado su imaginación, ya sólo podía hacer copias y mas copias de un mismo paisaje. Rikar [Otegi], mi pareja, hábilmente, en aquel momento, me llevó a escalar vías clásicas al valle de Ordesa. ¡Aquel nuevo mundo de vías tradicionales! Fue tal shock el que sentí que volvió la ilusión a mi interior de inmediato.

K: Siguiendo con la figura de Josune Bereziartu como pionera en la escalada, me centro ahora en una cuestión que siempre me ha llamado la atención. Cuando encadenas en 1997 Fetuccini, en El Convento (Álava), ya habían pasado cinco años desde que Wolfgang Güllich había logrado el primer noveno de la historia en Action Directe. La brecha hombre/mujer era muy grande. A partir de ahí, consigues el primer 8c en 1998 (Honky Tonky), el primer 8c+ en 2000 (Honky Mix), el primer 9a en 2002 (Bain de Sang) y el primer 9a/+ en 2005 (Bimbaluna). Con Bimbaluna logras algo que pocos pensaban que podría ocurrir. Alcanzas el grado máximo hasta esa fecha tanto para un hombre como para una mujer. Faltaba todavía un año para que Chris Sharma resolviera Biographie, el primer 9a+ de la historia. En pocos años, habías logrado salvar la distancia de grado entre un hombre y una mujer. Ser pionera supone mostrar al resto de mujeres que esos grados se podían alcanzar. Y esto, sin lugar a dudas, ayuda. Es como cuando en los 100 metros lisos se baja de 10 segundos. El hecho de demostrar que era posible hace que rápidamente sean muchos más hombres los que lo consiguen. Tú hiciste lo mismo con la escalada deportiva para el resto de mujeres. 

 

 

 

Para mí, el significado de pionera alcanza su máxima expresión con esta cuestión. ¿Cómo lo ves?

J: Pues lo has expresado muy bien con este ejemplo, pero es muy difícil de hacer sentir. Si te parece lo resumiría con una frase: “es como vivir con lo desconocido”. Y es vivir sin una referencia a la que agarrarme para poder progresar. Esas referencias las debes construir tú desde cero, y te aseguro que es muy difícil. ¡Tiene mucha pena, pero merece la pena!

K: Sin embargo, y a pesar de que habías demostrado que una mujer podía realizar una vía de la dificultad de Bimbaluna, pasaría una década hasta que Ashima Shiraishi igualara este grado con Ciudad de Dios. ¿A qué crees que se debe esta tardanza? Es realmente increíble.

J: Creo que abrí una brecha demasiado grande en un tiempo excesivamente corto. A partir de aquí había que esperar a una evolución quizás mas lógica en la escalada femenina, que tarde o temprano tendría que llegar. Esa evolución se refleja en querer asumir responsabilidad, formarse físicamente, mantener una disciplina durante muchos años de entrenamiento, ganar en experiencia, creer en las posibilidades propias… ¡No cabe duda de que vivimos unos años fascinantes de grandes ascensiones femeninas y las que están por llegar! 

K: “Es el corazón lo que mueve la voluntad. Es el estremecimiento del corazón lo que hace seguir adelante, lo que te crea fe en ti mismo. Es la fuerza interior de creer en uno mismo y en sus posibilidades. Ir a vista sobre la marcha por la vida. El poder recae en uno mismo y tienes la posibilidad de cambiar lo que mañana vas a ser”. He extraído esta frase tuya de una charla para Kristau Eskola. ¿Qué mueve tu corazón ahora?

J: Escalo vías clásicas, algunas veces boulder para socializar con amigos, poca cosa. No tengo necesidad de escalar. Atrás ha quedado Josune la escaladora. Por el contrario, mi pasión en la actualidad es la bici de carretera. Es lo que más me divierte. Me sacia físicamente y, sobre todo, me hace sentir feliz haciendo kilómetros, recorriendo grandes puertos de montaña, en Pirineos y Alpes. El déficit de aventura que me deja la bici la suplo en invierno haciendo esquí de travesía y buscando esa soledad que te permite disfrutar la montaña en invierno. Ahora veo las paredes y los montes desde el borde de la carretera y no escalándolos [Risas]. La bici se ha convertido en un deporte que adoro y sigo entrenando sobre ella pensando en mejorar día a día. Intento llevar el rendimiento físico lo mas lejos que puedo, evidentemente con las limitaciones que una tiene.

K: En un documental que vi no hace mucho para TVE hablabas de lo que supone estar en “la cresta de la ola” y esbozas los motivos que te hacen querer salirte de ella. Sé que no es una pregunta fácil, pero ¿por qué Josune deja de seguir intentando empujar sus límites en el mundo de la escalada deportiva? Imagino que son varios los motivos, pero sé que sigues haciendo montaña prácticamente a diario. ¿Qué echas de menos de aquella época? Son dos preguntas en una. 

J: Cuando hice Bimbaluna [9a/+] y se rebajó la euforia inicial de aquella escalada, sentí un gran vacío interior. Como ya he dicho antes, y aunque parezca una contradicción, súbitamente sentí que había estado diez años luchando y empujando por ascender la dificultad femenina. Y me sentí completamente vacía. La ilusión y la pasión por la escalada desapareció y ese vacío se instaló en mí. El redescubrimiento de la escalada tradicional y el alpinismo hizo que la llama otra vez se mantuviera viva por unos años mas. La energía vital tiene una caducidad. Soy una persona a la que le gusta sentirse viva, que necesita realizar cosas nuevas, actividades diferentes que me proporcionen felicidad. He escalado muchísimo. Es como si hubiese pasado dos vidas completas haciéndolo.

 

 

 

La intensidad con la que he vivido mis escaladas así me lo ha hecho sentir. Por esta razón, estoy muy tranquila, plena y satisfecha.

K: Éste es un tema complejo, pero por el que no puedo evitar preguntarte. Hace unos años, el escalador lo era de roca y muchos de ellos no pisaban un rocódromo. Hoy en día, se invierte la situación y cada vez es más grande el número de practicantes indoor que ni siquiera van a la roca. En una entrevista que mantuvimos con Adam Ondra hace justo un año, nos decía que el número de rocódromos se había incrementado enormemente en la República Checa y en otro gran número de países, convirtiéndose estos en los gimnasios de la actualidad. Es de prever que, con el olimpismo de la escalada y la medalla de Alberto Ginés, esto se amplifique. Son nuevos tiempos. Quizás tu respuesta está implícita en las palabras que me enviaste por mail y que abren esta charla contigo. Sé que probablemente este tema daría para horas de conversación, pero nos gustaría que nos hicieras un pequeño resumen de tu punto de vista.

J: Desde que empezaron los rocódromos ha existido esta controversia. En todos los deportes relativamente nuevos surgen evoluciones, diferentes disciplinas y combinaciones, sobre todo en pos de un mayor dinamismo de cara al espectáculo que ofrecen. Con el foco de la escalada olímpica, esto va a polarizarse más si cabe. Mi postura es muy simple: que cada escalador realice la actividad que más le guste. Eso si, con una condición imponderable que es que se respete el lugar donde la practicas. Para ello, necesitas cultura de escalada, educación, etc. Respecto a la proliferación de rocódromos y más que la habrá ahora con el olimpismo, en mi época, yo misma sufrí el prejuicio de los escaladores cuando Rikar iba a escalar en roca y yo simplemente me quedaba en mi rocódromo a entrenar indoor. Era tal mi determinación por mejorar escalando que no tenia ninguna duda en usar el mejor medio para poder lograrlo.

 

 

Entrenar y entrenar usando herramientas acordes, rocódromos, diferentes configuraciones y evoluciones de entrenamiento, y todo ello aderezado con muchísima pasión e ilusión. Con todo esto construí una base física excepcional que me permitió después poder progresar muy rápido y, sobre todo, disfrutar de mis escaladas en roca en plena naturaleza por todos los rincones del mundo, saboreando cada aliento, cada atardecer, o cada vuelta a mi furgoneta con el cuerpo destrozado por el esfuerzo del día. 

K: Julia Chanourdie, Angela Eiter, Laura Rogora, Margo Hayes, Ashima Shiraishi, Janja Gambret… Son nombres de mujeres que hoy en día están en lo más alto de la escalada en roca. ¿Ves diferencias entre ellas y tu performance en la primera década de este siglo?

J: No te puedo decir cuáles pueden ser las diferencias, pero sí que seguro comparto con ellas cosas en común. Como todas ellas, he probado muchísimas vías que no he podido encadenar. Como escaladoras, seguro que han sentido cómo han tenido que mostrar a los demás que se puede sobrepasar esos límites establecidos con muchísimo más esfuerzo de lo normal. Seguro que han llegado a sobreentrenarse, cayendo en grandes baches físicos difíciles de sobrellevar, perdiendo la fe en una misma. Pero como han demostrado, se han tenido que resarcir, necesitando ayuda para recuperar y sentir otra vez confianza en ellas mismas. Seguro que se han agarrado a las rutinas habituales que sabes que te funcionan para salir de esos baches tan duros. Pero, por encima de todo, estoy segura de que detrás hay un esfuerzo inmenso que hace que puedas conseguir esas vías.

K: Termino con una pregunta más alegre para la que no sé si tendrás clara su respuesta. Si cierras los ojos ahora y buscas la felicidad tras logros conseguidos considerados de manera individual, ¿qué momento o qué momentos te vienen primero a la cabeza como aquellos que te hicieron más feliz tras su consecución? 

J: Escalar vías en mi límite en todo tipo de estilos de escalada: techos, desplomes, placas, vías de bloque, de resistencia, vías que tuviesen una historia detrás, en diferentes lugares, en el extranjero, lejos de la comodidad de tu casa… El haber conseguido esto es de lo que mejor recuerdo guardo, porque era una de mis obsesiones particulares como escaladora: poder ser buena en todo tipo y situaciones de escalada.

K: Muchísimas gracias, Josune. Me has hecho sentir muchas cosas con esta charla.

 

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