La chica de las dunas de Maspalomas.

La chica de las dunas de Maspalomas.

 

Texto: Kissthemountain.

Cada día tengo las mismas dudas.

Entre vosotros, los seres humanos, encuentro los más contradictorios sentimientos. Veo hombres y mujeres que se comportan con bondad y que tratan de hacer de este maravilloso mundo que gobierno un lugar mejor; otros pasáis sin pena ni gloria por el increíble regalo que es la vida. Algunos disfrutáis cuando os perdéis en la montaña, mientras que a otros os sobrecoge un miedo que os paraliza. Hay entre vosotros algunos individuos que amáis el mar y no dudáis en sumergiros en él con vuestros equipos; otros, en cambio, sentís inquietud cuando, a nado, os alejáis de la playa. Verano o invierno. Día o noche. Playa o montaña. Conservadores o arriesgados. Solitarios o amantes de lo social. Optimistas o pesimistas. Y por fin, donde quiero llegar: algunos no os sentís cómodos ante la duda. Se os hace un mundo tener que elegir cuando son distintas opciones las que se os plantean. Otros, por el contrario, disfrutáis ante estas bifurcaciones que la vida pone en vuestro camino. Sé que, como rey, no debería mostrar predilección, pero sois vosotros, los segundos, con los que más identificado me siento. Si es que un astro es capaz de tener este tipo de sentimientos.

 

 

Cada día tengo las mismas dudas.

Y disfruto con ellas. El lunes, cuando dejaba vuestra isla para dar paso a la noche, habitantes y visitantes de Gran Canaria, tras dudas, decidí fijarme en los que para despedirme habíais subido al acantilado del Roque Faneque, uno de los más altos del mundo, para, desafiando al vértigo, convertiros en pájaros durante unos instantes y dejaros maravillar por las vistas que ofrece este lugar comienzo del Parque Natural del Pinar de Tamadaba. El martes, sin embargo, quise observar los rostros de admiración de aquellos que eligieron la pequeña playa custodiada por el puerto de Mogán. Me gustó especialmente ver a aquella joven pareja sintiéndose afortunada por estar en uno de los lugares más bellos desde el que poder decirme adiós. El tercer día de la semana, elegí detener mi mirada en aquellos corredores que tras un gran esfuerzo habían subido hasta los 1.956 metros sobre el nivel del mar que alcanza el Pozo de las Nieves.

 

 

Desde su mirador contemplaban el uso que realizaba de mi paleta de colores para pintar el cielo con una mezcla de azules, amarillos, anaranjados y rojizos. Ayer jueves, fije mi vista en aquellos niños que cuando volvían por el sendero que lleva al espectacular enclave de la cala de Tiritaña, se daban la vuelta para decirme adiós.

A estas alturas, creo que no quedan dudas sobre mi identidad. Sí, soy el Sol, el Astro Rey, el que marca vuestras rutinas, quien os indica que es hora de empezar el día y el que se esconde para dejaros dormir.

Cada día tengo las mismas dudas.

Pero como estoy tratando de explicaros, me siento cómodo con ellas. Siempre dejo la decisión sobre qué lugar reclamará mi atención cuando el día llega a su fin y me retiro para dejar descansar a la isla de Gran Canaria. Sin embargo, hoy viernes, mi día favorito de la semana, ha sido muy diferente.  Desde que surgí por el horizonte a las 07:39 para iluminar mi isla debilidad del Atlántico, he tenido claro que mi elección sería la de ella.

 

 

Y la verdad es que no me había ocurrido nunca antes. A esa hora, sobre las dunas de Maspalomas, se encontraba una chica de unos 25 años. Tenía el pelo recogido con un pequeño moño en lo alto de su cabeza. Vestía una camiseta de tirantes blanca. Un libro apoyado en la portada descansaba sobre unas sandalias de cuero marrón a escasos metros de ella. Estaba tratando de averiguar de qué libro se trataba leyendo la parte posterior, cuando ella ha abierto sus ojos rasgados. Eran de un marrón muy claro. Nunca había visto una tonalidad tan bella. Me sentía tan fascinado que no podía dejar de estudiarla. Su mirada reflejaba esa tristeza de quien echa de menos a alguien. Incomprensiblemente, yo también me he sentido triste. Entonces he hecho algo que las leyes de la naturaleza me tienen prohibido. No he podido evitar guiñarle.

 

 

Sus ojos cambiaron a sorpresa justo antes de acompañar a la sonrisa más bella que he contemplado en mis años de existencia. Entonces, yo también me he sentido feliz.

No debería confesároslo, pero la he seguido por la isla durante todo el día. Al poco tiempo de contemplar mi amanecer, ha caminado por la orilla del mar que marca la playa de Maspalomas donde se ha tumbado para tomar mis rayos de sol que sólo interrumpía para bañarse en ese bello azul. Justo cuando comenzaba a llegar más gente, ha vuelto a su coche y se ha dirigido a Tunte (San Bartolomé de Tijarana) deteniéndose a tomar un café antes de partir hacia Tejeda para dar un paseo en dirección al Roque Nublo. Sobre el medio día, ha elegido la sombra de un pino canario para comer algo y descansar. Antes de caer dormida ha estado leyendo ese libro que le acompañaba por la mañana. La sombra de una rama no me ha dejado ver su título.

Ha habido unos instantes en el que los nervios se han apoderado de mí. Ella tardaba en despertar y me preocupaba que no acudiera a despedirme. Afortunadamente, no ha sido así. Ha vuelto a coger el coche en dirección a Tasartico. Y entonces, he vuelto a ser feliz.

 

 

Su elección era la playa virgen de Güi Güi (Guguy), uno de mis lugares favoritos de la isla. Tras calzarse unas zapatillas, ha llegado justo a tiempo para darse un baño y tumbarse en la arena para contemplar mi puesta. De nuevo sus ojos, de nuevo sus sandalias a un lado, de nuevo su libro apoyado sobre ellas.

He intentado retrasar al máximo el momento de perderme en el horizonte, pero las leyes de la naturaleza no me lo han permitido. A las 20:27 estaba prevista mi marcha. Cuando restaban un par de minutos, ella se ha levantado como queriendo contemplarme al menos durante unos segundos más. Entonces ha levantado su mano agitándola para despedirme. No he podido evitar sonrojarme pintando el cielo de un color encarnado. Y ella parece haberse dado cuenta. Espero verte de nuevo mañana.

María recoge su diario apoyado en sus sandalias. De él, toma un lápiz y escribe: hoy el sol me ha seguido durante todo el día.

GRAN CANARIA #MUCHOPORVIVIR

 

 

 

 

 

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