Manuel Merillas. El montañero rápido.

Manuel Merillas. El montañero rápido.

 

 

Texto: Álex Colomina | Kissthemountain. 

 

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anuel Merillas vive en La Cueta, el pueblo más alto de León, a 1.450 metros de altitud, con sólo ocho habitantes. Aislado, este remoto paraje del Parque Natural de Babia y Luna pasa gran parte del invierno cubierto de nieve. Montañero, corredor y esquiador insaciable, rebosa pasión y ganas de mejorar sus ya depuradas cualidades. Adaptarse al medio y a su entorno es imprescindible, pero lo hace encantado, con ganas, porque es su manera de vivir. Hoy, Manuel nos cuenta sus inicios, su progreso y su particular forma de entender el deporte, la vida y la montaña. Porque todo se mezcla: caminar, correr, trepar o deslizar. Si los motivos están claros, siempre sobra motivación. Toda una vida en la montaña, en sus montañas.

 

Kissthemountain: Hola Manu. ¿Qué tal estos meses de confinamiento? Nos hemos acostumbrado a una situación nueva, a algo nunca vivido. Espero que no se te hiciera muy duro.

Manuel Merillas: Hola Álex. Han sido unas semanas raras al no poder salir casi nada. Entrené mucho en casa, hice un planteamiento bastante potente para esos dos meses y todo pasó bastante bien, por suerte. Ahora parece que estamos volviendo a la normalidad y va bien encaminado.

K: Además, tú, al estar en un pueblo pequeño, con mucho espacio alrededor y conviviendo con muy poca gente, vives este cambio social de una manera muy distinta.

M: Aquí somos ocho habitantes en un valle que es inmenso. No te encontrabas a nadie. Hay muchos municipios grandes que no son ni la mitad que este valle. Yo paseaba con mi perro, Zar. Lo máximo que andaba eran 20 minutos para subir a coger cobertura a un camino que está cerca de casa con el fin de avisar a mi gente de que todo estaba en orden.

K: Ya veo que cogiste el entrenamiento otra vez con muchas ganas.

M: Imagínate. Yo creo que a todos los que nos gusta la montaña, en cuanto nos dieron un poco de vía libre…, monte para arriba y monte para abajo. Y piensa que yo eso lo multiplico por 20 [Risas]. Estoy un poco mal de la cabeza y me gusta pasar mucho tiempo en la montaña. No quiero entrenar duro todos los días, sino coger el bocadillo y estar horas y horas por ahí con Zar, aprovechando para ver, descubrir rincones y disfrutar, que es de lo que se trata.

K: Es lo que más nos gusta. Si te vas a tu infancia, ¿cuáles son tus primeros recuerdos de la montaña?

M: Llevo toda mi vida en el monte. Desde pequeño, y hasta los 18 años que me marché al ejército, estaba con el ganado. Iba a las brañas con mis tíos, mi padre y toda la familia a estar en la montaña y a vivir de ella con los animales. Cuando me empezó a picar el gusanillo de ir corriendo, salía con mi tío y con gente que le gustaba ir más rápido. Ellos rápidamente se sorprendieron porque vieron que los dejaba atrás. Poco a poco he ido aprendiendo y conociendo bien todo lo que me rodea.

K: ¿Recuerdas cuando empezaste a ver la montaña como deporte? ¿Cuándo descubriste que te gustaba subir y bajar a cualquier sitio rápido?

M: No sé si aún lo he visto [Risas]. Simplemente me gusta moverme por ella. Rápido, lento, en modo competición… Con pasar el día en la naturaleza entre rocas, me sirve. Si tuviera que poner una fecha, sería la primera carrera que hice en 2009 en Asturias: Quebrapates Peña Mea. Vi que valía para esto y además me encantaba. Todos decían que apuntaba maneras, que andaba mucho y me picó el gusanillo. Fui entrenando más y dedicándole tiempo. Empecé a correr en atletismo a los 17 y cuando no llevaba ni un año me pasé del todo a la montaña. Pero vamos, yo de aquellas no sabía ni que existía este deporte [Risas]. Vi en las redes sociales que se hacía una carrera de montaña, fui a competir, me encantó y se me abrió un nuevo mundo que combinaba mi pasión de toda la vida con lo que estaba naciendo dentro de mí.

K: Desde entonces, has ido entrenando cada vez más y mejor. Habrás notado muchos cambios en tu cuerpo a lo largo de los años. Los atletas de resistencia tenemos una base aeróbica muy desarrollada, y con los años vamos optimizando el rendimiento. El cuerpo tiene memoria y seguro disfrutas el proceso de ver cómo responde tu cuerpo.

M: Desde que eres joven vas madurando y tu cuerpo cambia. Esto tiene mucho que ver con la progresión. Yo de pequeño, con 12 años, cuando jugaba al futbol, corría y corría y no me cansaba. Se me quedaban cortos los partidos. Poco a poco fui preparándome, y empecé entrenando para carreras de 20 o 30 kilómetros, si se le puede llamar entrenar [Risas], porque yo salía al monte y me pegaba unas palizas enormes. Mi objetivo era subir a los cuatro picos que tenía cerca de casa lo más rápido posible. Lo iba apuntando en una libreta y poco a poco los parciales fueron bajando. He notado la progresión de pasar de entrenar dos horas diarias a salir casi cuatro y media al día el año pasado. Después de la lesión, me fui adaptando otra vez poco a poco hasta poder aumentar el volumen de entrenamiento, en la montaña, en bici o haciendo fuerza en casa. Ahora ya estoy rondando las cinco o seis horas de media diarias. Y me siento igual que cuando hacía sólo tres, pero es que lo que me gusta es pasarme el día subiendo y bajando. He aprendido mucho en el proceso a fortalecer mis puntos débiles y mantener los puntos fuertes. Y aunque no os lo parezca, también he aprendido a cuándo y cómo descansar.

 

 

K: Hacer más no significa rendir mejor, ya lo sabes. Tú lo disfrutas, pero no significa que vayas a rendir más.

M: Claro, mi entrenamiento específico, el que tengo marcado, lo hago. Más allá de eso, ya es disfrute. Por ejemplo, si tengo tres horas de entrenamiento con cinco series de 10 minutos, las realizo, pero al principio o al final de la sesión hago otras dos o tres horas. Así queda un entrenamiento de seis, pero realmente, específico, son dos. Todo lo demás es lo que me gusta: caminar, mi bocadillo, con Zar, con alguien que me quiera acompañar y disfrutar… Muchas veces pienso que no soy un corredor de montaña, sino más bien un montañero al que le gusta ir rápido.

K: Con todo esto que dices, ¿te sigue motivando tanto como antes rendir al máximo nivel en las competiciones y compararte con los demás corredores?

M: Sí, me sigue gustando mucho. La única diferencia es que ahora voy seleccionando mejor las carreras. No me muevo por la importancia de las mismas. No me importa tanto que sea copa o campeonato. Busco alguna carrera importante de vez en cuando o alguna a la que vaya gente muy buena, Zegama o alguna de este estilo. Todas las demás… Ya me conoces. Voy buscando las que me motivan y las que me llaman la atención por sus recorridos. Y como no podía ser de otra manera, casi siempre están cerca de casa.

K: Lógico, al final es el terreno que te gusta, donde te mueves todos los días.

M: Aquí me encuentro bien. Siempre me dicen que no salgo de la cordillera Cantábrica ni de Picos, pero no es verdad. He ido a muchos sitios. Me he preocupado de estar en lugares distintos y conocerlos. He aprovechado el momento, pero por algo dicen lo de que como en casa en ningún sitio.

K: Has viajado bastante para correr. A Alpes, Pirineos, por muchos montes de la península Ibérica, Canarias… Pero siempre te quedas con Picos de Europa. ¿Qué los hace diferentes?

M: También en Hong Kong, en Etiopía… Lo que me queda pendiente es ir a hacer una montaña cañera, de estas potentes en el Himalaya. Tengo muchas ganas. Ese tipo de viajes son muy caros, y hacer una casa e intentar subir un ochomil es demasiado. No entra en el bolsillo de cualquiera [Risas]. He ido a muchos sitios en modo competición, pero también he aprovechado para hacer actividad.

 

 

Para mí no tiene nada que envidiarle Picos de Europa a Alpes. La diferencia es que hay 2.000 metros más de altitud. En Picos sales de 100 metros y llegas a 2.650 en un territorio muy salvaje y alpino. Cada cordillera tiene su historia, pero yo, personalmente, no cambiaría Picos por nada. Lo tiene todo. Te hace sentir muy aislado, y la gente hasta que no lo vive no sabe lo que es. Ven fotos, te dicen que han estado por Urriellu, pero ahí es donde va todo el mundo. Si vas a lugares perdidos de verdad, alucinas y te das cuenta del problemón que puedes tener si te pasa algo.

K: En La Cueta estás a gusto… Haces de tu pasión tu manera de vivir. Demuestras que es posible hacerlo de una forma algo distinta a la que nos marca la sociedad.

M: Es difícil a veces. No te voy a engañar. En La Cueta, no puedes ser una persona que tenga muchos caprichos, porque de aquí todo está muy lejos. A la mínima, por ejemplo, que fumes, ya estás jodido. Tienes lo justo y lo básico. A mí, desde pequeño me enseñaron a ser así y me gusta. No necesito lujos. Para mí, vivir aquí son todo ventajas. No lo cambiaría por nada. He estado casi tres años en la caravana y ahora ya llevo unos meses en la casa. Es otro mundo. Estoy genial, tengo mi trabajillo… En verano voy a tener bastante jaleo para sacar lo necesario.

K: Apostaste por ello y estás orgulloso. Al final lo importante es hacer lo que nos sale de dentro.

M: Yo veo a mucha gente que gana mucho dinero, pero después no lo disfruta. Yo no quiero vivir para trabajar, sino trabajar para vivir.

K: Esta temporada viene escasa de competiciones. Tendrás mil retos para hacer durante el verano, pero seguro que alguno es especial.

M: Ya sabes, siempre estoy con los retos. Creo que soy el único corredor de montaña que plantea una temporada entera para un reto. Tengo unos cuantos, sí. El año pasado, el objetivo fue el Anillo de Picos. Este año va a haber unos cuantos pequeños y alguno más cañero, de 24 horas o más, pero no soy de darles publicidad. Los días antes digo que voy a hacerlo y listo. Si sale bien, estupendo, y si no, habrá que volverlo a intentar.

K: El otro día vi que te habías metido una paliza en ayunas. ¿Intentas buscar tus límites?

M: Es algo a lo que me he ido acostumbrado con los años. He metido restricciones de comida en mis entrenamientos a lo largo del tiempo y he conseguido realizar recorridos que hacía antes comiendo en el mismo tiempo, o menor, forzando un poco el cuerpo. Ahora que están de moda las fases, empieza la segunda: comprobar si ese tipo de sesiones, cuando asimile toda esta carga, tienen resultados hidratándote y alimentándote bien.

K: Para mí nunca ha sido un suplicio. Yo siempre he corrido por las mañanas, sin desayunar, como algo normal, y realmente el cuerpo se acostumbra. Hace unos años se puso de moda el entrenamiento en ayunas, pero es algo que se lleva haciendo desde hace mucho tiempo. Creo que a los que estamos acostumbrados a estar muchas horas en el monte no nos cuesta.

M: Creas un hábito. Igual que yo. Antes de pensar en entrenar en ayunas o restringiendo la comida, ya lo estaba haciendo. De todas formas, el desayuno es la comida que más disfruto. Aunque la cena después de todo el día por ahí tampoco se queda corta [Risas].

K: A lo largo de estos años, has pasado por varios patrocinadores. Ahora estás con Land. ¿Cómo ha sido tu experiencia con las marcas? Siempre te has mantenido alejado de intentar vender tu imagen, pero a la vez eres una persona seguida y querida en las redes sociales, seguramente porque eres auténtico.

M: Las marcas… Unas mejor y otras peor. Con Mammut estuve genial antes de la lesión y me apoyaron mucho. Fueron cuatro años con ellos y la relación no acabó por la lesión, sino porque dejaron de lado este tipo de colaboraciones. Desde entonces, me han apoyado pequeñas marcas, pero ya no tuve ninguna ayuda grande hasta ahora. Con Land he llegado a un buen acuerdo. No tengo obligación de nada. Me dan mi ropa, hago mis fotos y no me tengo que preocupar.

 

 

 

Ellos saben cómo soy. Les gusta y todos contentos. Saben que si voy a una carrera, daré todo lo que tengo y voy a ser como soy. Yo le doy visión a la marca a mi manera. Para mí, es como tener unos amigos que me ayudan, sin ningún tipo de presión. Varias marcas me llamaron este tiempo atrás, pero no me merecía la pena por lo que querían. Sentía que pedían más de lo que me daban. Les dije que no a varias durante dos o tres años, hasta ahora con Land. Hemos sabido adaptarnos por los dos lados.

K: Para acabar, y desde tu experiencia, ¿qué consejos darías a los chicos y chicas que te recuerdan a ti cuando empezabas, con la motivación y las ganas de aprender por las nubes?

M: Hoy en día es difícil dar consejos. Tienen tanta información por todos los sitios… Y todo el mundo parece que es experto. Yo cuando era niño no veía nada, ni en redes sociales ni en ningún otro sitio. Mi opinión es que los jóvenes reciben consejos de tantos sitios que al final acaban quemados y lo dejan. Si tuviera que dar un consejo a una persona en la que me veo reflejado, sería que tuviera paciencia y no se dejara influenciar por nadie. Que haga siempre lo que le interese y lo que más le guste. El resto poco a poco llegará. No pueden ganarlo todo con 18 años. Yo tardé cuatro en ganar la primera carrera de mi vida y poco a poco fui progresando. Que disfruten del proceso. Para mí, el camino lo engloba todo: el rendimiento, las amistades, los momentos, las experiencias, los paisajes…

K: Un placer hablar contigo. Me encanta esa motivación que derrochas y la pasión que demuestras en lo que haces. Disfruta todo lo que puedas de la montaña y sigue exprimiendo tu cuerpo a tope. Un abrazo, Manu.

M: Igualmente, Álex. Espero que te vaya muy bien.

Toda una vida en la montaña. Momentos mejores y peores, pero siempre con la cabeza bien alta. Capaz de rendir durante años al más alto nivel, mantenerse y seguir mejorando es difícil, pero Manuel trabaja a diario por ello. Crear hábitos, adaptándose a un estilo de vida para cumplir sueños. La valentía de luchar por lo que crees. Merillas quiere seguir muchos años disfrutando de lo que para él es la vida: desnivel, naturaleza, roca, nieve y buenas compañías. Sin olvidar nunca de dónde vienes, avanzando con paciencia. Vista larga y paso corto. Todo en la montaña, sus montañas.

 

 

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