Que le llaman soledad…

Soledad. Fotografía y alpinismo. Pipi Cardell

Que le llaman soledad…

 

 

Texto por Kissthemountain | Fotografía por Pipi  Cardell

 

Soledad y solitud. No tengo clara la diferencia entre estos dos términos. Algunos otorgan una connotación negativa al primero asumiendo que ésta es involuntaria y que grita desesperada para llamar la atención de aquéllos a los que anhelamos, mientras que confieren voluntariedad al término solitud, alegando que es un estado que se busca para dejarse llevar por él y disfrutarlo. Otros, en cambio, no ven la diferencia entre esos dos términos. Me es indiferente. No quiero entrar en distintas interpretaciones del lenguaje, sino simplemente dejarme llevar por la ausencia de…

Me gusta pensar en ese estado como si de un maestro de nosotros mismos se tratase. Solos, aprendemos a conocernos mejor a nosotros mismos. Solos, somos capaces de apreciar detalles que acompañados se nos escapan. Solos, crecemos. La continua ausencia de soledad nos aleja de lo que somos.

 

 

Lo que voy a decir ahora es duro. Muy duro. La soledad puede ser consecuencia de la muerte o del abandono de quien solía acompañarnos por el sendero de la vida. En muchas ocasiones, buscábamos la soledad en su compañía guardando silencio, el uno al lado del otro, para deleitarnos en la contemplación de una arista majestuosa, imponente, de las que invocan al vértigo. Esa soledad se buscaba y era, aunque parezca contradictorio, compartida. Pero ¿qué ocurre si esa persona se despide de nuestra vida para siempre? Aquella situación parecida a la soledad que buscábamos juntos ya no volverá a repetirse. Volvemos a ese mismo lugar, a nuestro sitio común en la montaña, y ella o él no está con nosotros. Al menos con presencia corpórea. La contemplación que antes nos aportaba una felicidad plena, ahora se nos clava en el alma. La sonrisa que se nos escapaba involuntariamente, aunque fuera por dentro, ahora es sustituida por lágrimas y dolor.

 

 

 

Incluso así, y aunque nos rebelemos contra ello, estamos creciendo por dentro, estamos acercándonos a nosotros mismos. Porque la soledad, o la solitud si preferís llamarla así, es maestra de la vida.

Buscar momentos de soledad es cada día más necesario en estos tiempos en los que ciertas adicciones nos impiden estar con nosotros mismos incluso cuando no tenemos compañía. El sonido de la tecnología, el reclamo constante de nuestra atención por esos aparatos o aplicaciones que nos vendieron como la panacea de la comunicación nos secuestran y nos impiden disfrutar de esa sensación de estar solos, con nosotros mismos -aunque sea acompañados-. Pero existe un lugar en el mundo donde es más fácil conectar con esa sensación para crecer, para alcanzar esa felicidad, para ahuyentar nuestros miedos, para saborear la vida. Es en la montaña. En cualquiera de ellas. En las que muestran las fotografías de Pipi Cardell tomadas en la cordillera del Karakórum en una expedición en solitario y que ilustran este artículo.

 

“De noche y de día,

una pena impertinente

reina en mí de noche y día.

Porque nada me divierte,

no tengo más alegría

que cuando vienes a verme”

Virgen de la Soledad | Los Planetas

 

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