Shiva’s ice. Serendipia. Simon Gietl & Vittorio Messino.

Shiva’s ice. Serendipia. Simon Gietl & Vittorio Messino.

 

Progresar en hielo y nieve tiene su propia música, su propio ritmo. Bailas con el piolet, lo clavas en el hielo, lo sacas, respiras…

Avanzas con uno de tus crampones que golpea contra la roca. Ahora con el otro. Respiras. Y repites. Escalar en nieve y hielo tiene su propio mantra. Asciendes una montaña mientras tu mente, acompasada por el ritmo repetitivo, se aclara y limpia. Es lo que se conoce como “serendipia” -una afortunada coincidencia que no estaba planificada-. Horace Walpole creó este concepto después de leer una fábula, la de Los tres príncipes de Serendipia, quienes durante sus viajes siguen descubriendo cosas que ni siquiera buscan.

 

 

Tratas de escalar una ruta mixta mientras meditas. Algunas montañas nos atraen más que otras. Quien haya estado a los pies de Cimon della Pala, el símbolo de Pale di San Martino, Punta Sorapis o en el Matterhorn lo sabe. La sensación es impresionante. Y no lo es por la altura, sino por su llamativa apariencia. Están ahí, solas, aisladas, apuntando hacia el cielo y sin nada a su alrededor.

El Shivling también es de este tipo de montañas. Su propio nombre ya nos habla de su condición de símbolo sagrado, “Shiva Linga”. “Lingam” es la palabra que en sánscrito utilizan para referirse a la diosa hindú Shiva, que suele tener forma de columna y se simboliza en el culto de los monolitos verticales. Shivling es el lingam de Shiva porque visto desde Gaumukh parece tener la forma de una pirámide apuntando hacia arriba. Un 25 de septiembre, Simon Gietl y Vittorio Messini llegan a Gaumukh para dirigirse al Shivling.

 

 

En sus planes está escalar la línea de Shiva, la extraordinaria ruta abierta por Thomas Huber e Ivan Wolf en 2000. Llevan meses hablando y leyendo sobre ella, estudiando su relieve y sus fotografías. Mientras ascienden hacia Tapoya, campo base de alpinistas y peregrinos que se dirigen hacia el nacimiento del río Ganges, a 4.300 de altitud, siguen hablando de lo mismo. Recuerdan la primera expedición que llegó a la cumbre en los setenta, discuten el ascenso desde la cresta este, sobre el logro de Hans Kammerlander y Christoph Hainz en su pilar norte y su descenso en unas condiciones meteorológicas terribles.

La aproximación no es fácil. Ha nevado mucho y se hace muy complicado avanzar. A medida que ganan altura, Simon y Vittorio comienzan a dudar. Hay demasiada nieve y el frío es tremendo, más de lo esperado para esta época del año. El ascenso será mucho más complicado de lo previsto. Conforme se aproximan, las imponentes paredes de roca se muestran con toda su helada y majestuosa grandeza.

 

 

Simon, creo que tenemos problemas”, murmura Vittorio bajando sus prismáticos. “Mira esas cornisas. Todo es inestable, listo para desprenderse en cuanto las toquemos”.

Creo que tienes razón”, le responde Simon. “No hay forma de progresar por ahí a no ser que queramos ser víctimas de un suicidio… ¡Espera! Déjame los prismáticos”.

Simon no mira la línea que él y Vittorio habían planificado, sino que apunta a la izquierda, donde una gran cascada de hielo cubre la roca oscura.

Vittorio, mira hacia allá. ¡Las fotos! ¿Crees que hay una cascada de hielo?”. Vittorio saca unos papeles y los ojea.

No hay nada aquí. ¿Crees que es sólido?

La expresión de Simon cambia.

 

 

Su rostro sombrío desparece como una nube de aliento helado. Ahora parece decidido, curioso y hambriento.

Vittorio, será un trabajo duro, pero creo que se puede escalar. Hay un camino. Partiremos desde la izquierda, remontaremos en diagonal y luego atravesaremos”.

Vittorio agarra los prismáticos. Estudia todo con atención siguiendo las indicaciones de su compañero. Metro a metro. Lo ve. Entonces, su actitud cambia también. Piensa en Simon. Partieron para repetir una ruta y, sin embargo, en su lugar, pueden abrir una nueva.

Un 9 de octubre, después de dos días de aproximación con todo el equipo, la cordada comienza su reto hacia la cumbre. Salen muy temprano, cuando todavía es de noche. Continúan su mantra con piolets y crampones durante todo el día. Vivaquean a 5.500 metros. Recuperan algo de energía.

Al día siguiente comienzan de nuevo muy temprano. La nieve es compacta y el hielo muy duro.

 

 

Alcanzan los 6.000 metros y el pilar norte por el que subieron Kammerlander y Hainz.

Día tres. Llegan a la cumbre, incorporándose a la ruta japonesa. Shiva’s Ice, la nueva ruta de Simon y Vittorio es más de 1.500 metros de roca y hielo con dificultades de hasta WI5, M6. Representa algo más que buena suerte. En última instancia, demuestra cómo cierto enfoque, una actitud cuidadosa y una mente abierta pueden transformar la frustración en una gran oportunidad. Es mediodía. Simon y Vittorio se sientan en la cima del Shivling a 6.543 metros. Están felices mientras respiran con dificultad bajo un cielo tan azul que parece negro. Cuando piensan en su ascenso, coinciden en que serendipia es una palabra complicada, aunque al final solo significa tener un sueño, buscarlo y seguirlo. Hay que aprovechar cualquier oportunidad que pueda surgir en el camino.

 

 

 

 

 

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