Vías de Unión. La Sportiva Climbing Team

La Sportiva Climbing Team

Vías de Unión. La Sportiva Climbing Team

 

 

Texto y fotografía por Pau Pujol y Bonastre

 

La escalada es un deporte social, exceptuando a los pocos y atrevidos artistas del estilo libre solitario. ¿Quién escala solo? ¿Quién se encuentra alguna vez solo escalando? ¿Quién ha visto en alguna ocasión un rocódromo solitario, un sector desierto, una escuela vacía? ¿Quién no ha cruzado palabras de ánimo con los escaladores de la vía de al lado en las zonas de deportiva? Incluso en los casos más extremos, en las tormentas repentinas y en los confines solitarios y remotos del planeta, ¿quién no ha depositado toda su confianza, ánimos y energía en la única compañía del compañero de cordada?

La escalada es un deporte que crea lazos, que une, que agrupa. Es un deporte de aventuras colaborativas, de experiencias comunes, de victorias compartidas. Es un deporte de compañeros y compañeras de rocódromo, de escaladores y aseguradores, de cordadas inseparables. En el extremo diametralmente opuesto a la soledad del corredor de fondo se encuentra la comunidad de los equipos de escaladores.

Y es que la escalada es un deporte que no se entiende sin el concepto de equipo. Hablamos de familia, de comunidad, de gente que comparte tiempo, pasión y actividad; ya sea de amigos que se juntan para darle pegues a las presas del rocódromo antes de sentarse a tomar unas cervezas, como de atletas profesionales que se ayudan y se animan para darlo todo en la cita olímpica, o de escaladores pasionales que no conocen otra vida que la roca y la vertical. Todos estos tipos son un equipo, a su manera. Y algunos equipos, como el que forman los escaladores y escaladoras de La Sportiva, son los tres tipos a la vez. 

 

 

 

 

En nuestro país difícilmente se puede encontrar un equipo tan variopinto y a la vez increíblemente asombroso como el que forman los atletas de la marca italiana. La pasión común por la escalada ha conseguido unir y cohesionar un grupo de gente con procedencias absolutamente distintas, con décadas enteras de diferencia generacional, con metodologías y enfoques radicalmente antagónicos. Son personas que en la calle, en un bar o en el metro no tendrían nada que ver, pero que en la pared se convierten en uña y carne.

Hablamos de leyendas vivas y activas de la escalada como Patxi Usobiaga, Carlos “Citro” Logroño o Ander Lasagabaster; de alpinistas y exploradores de paredes y montañas remotas como Eneko e Iker Pou; de atletas de la escalada de élite como Alberto Ginés, Iziar Martínez o Cedric Junque; de fanáticos y puristas de la artificial como David “Pelut” Palmada; de jóvenes promesas del grado y la dificultad como Maria Benach o Mikel Linacisoro; de escaladores transversales y polivalentes como Álvaro Lafuente o Isaac Barti. No sólo son la flor y nata de las distintas disciplinas del deporte, encabezando siempre la vanguardia de los rocódromos, los techos y los big-walls intra y transfronterizos, sino que además representan a la perfección los valores de la escalada: buen ambiente a pesar de las diferencias, optimismo a pesar de la dificultad, compañerismo a pesar de la competitividad.

 

 

Y pocas veces se encuentran reunidos bajo el mismo techo. ¡Oh, dichosa la suerte de compartir con ellos una velada de escalada y buen ambiente! Cual eclipse solar completo o alineación perfecta de los astros, rara vez se consigue presenciar la conjunción de dichos atletas en un único lugar, tanto por su apretada agenda vertical como, más aún, por los complicados tiempos que corren. Quienes pudimos asistir al reencuentro del equipo de escalada de La Sportiva del pasado 24 de abril en Indoorwall Manresa podemos atestiguar sin lugar a dudas que fue un espectáculo digno de presenciar.

Para ponerlo en términos distintos a la escalada, es como si una familia cuyos miembros viven a miles de kilómetros los unos de los otros se reencontrara por primera vez en Navidad tras meses y meses de distanciamiento y, para festejar la alegría de la velada, interpretasen para su propio deleite una escena musical digna de la mejor orquesta sinfónica. Porque esto fue lo que presenciamos: una demostración de habilidad, pasión y arte que sólo se ve en los mejores conservatorios, pero con la llaneza, humildad y afabilidad natural de las familias más sencillas.

 

 

Hablé con Josep Morales, Team Manager del equipo de La Sportiva, y se le veía como un padre orgulloso que se emociona al sentir como su hijo prodigio toca el violín, pero con la particularidad de que su hijo prodigio lo doblaba en edad, y era Iker Pou escalando con maestría un bloque de extrema dificultad seteado por sus compañeros. Le vi aconsejando a su hija sobre la mejor manera de afrontar el primer día en la nueva escuela, aunque en realidad estaba dirigiendo a Maria Benach en los últimos movimientos de una vía técnica de presas romas y complicadas. Vi hermanos ayudando a hermanos, atletas apoyando a atletas, amigos animando a amigos.

Vi un equipo, una familia que, como todas las familias, tiene sus diferencias, sus peculiaridades y sus disparidades, pero que incluso así se ama incondicionalmente. Y entendí que la escalada no se entiende sin la gente que escala contigo.

 

 

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