Advertisement

Rabadá y Navarro en la norte del Eiger

El desafío

Dirección: Sebastián Álvaro

Canal: Chew Kuznets

Año: 2013 | Duración: 01:00:49

Video+escalada

Al parecer, los montañeros españoles Alberto Rabadá y Ernesto Navarro, que desde hace días intentan escalar el Eiger en los Alpes suizos, se encuentran en dificultades. Según las noticias recibidas, el fuerte temporal que desde hace días se abate sobre la zona impide el avance de los escaladores, mientras que las previsiones meteorológicas para las próximas horas indican que las malas condiciones atmosféricas van a continuar. Algunos equipos de salvamento se encuentran preparados ante una posible operación de rescate de los dos montañeros”.

Agosto de 1963. Las agencias de comunicación se hacen eco de la difícil situación que están viviendo dos montañeros aragoneses en el mayor precipicio de los Alpes: la pared norte del Eiger.

Alberto Rabadá y Ernesto Navarro pronto destacaron por sus escaladas difíciles y comprometidas en paredes que en su época nadie se había atrevido a escalar y que en muchos casos parecían inconcebibles. En el 61 se hacen con el espolón sureste del Firé, el gran reto pendiente que les quedaba en los Mallos de Riglos -vía que le dedican a su amigo, y por entonces presidente de la FEDME, Félix Méndez-. Le siguieron la cara sur del Tozal del Mallo, el espolón del Gallinero y, sobre todo, su vía soñada, la pared oeste del Picu Urriellu. Vías que se convertirían en auténticos hitos del alpinismo en España.

Para entonces, Rabadá ya ha descubierto que la vanguardia del alpinismo europeo tiene en los Alpes su mayor desafío en una pared: la cara norte del Eiger.

Decían que ese viaje no lo cambiarían por nada. Para unos jóvenes alpinistas de economías modestas no había muchas oportunidades de viajar al extranjero.

En los días posteriores a su llegada a Grindelwald el tiempo permanece inestable. Dos veces han atacado la pared, pero han tenido que retirarse después de haber pasado la noche bajo una fría lluvia.

La tarde del sábado 10 de agosto el tiempo parece presagiar, por fin, una mejoría. Esta podría ser la oportunidad que habían esperado pacientemente. A primeras horas de la mañana atacan los primeros resaltes de la pared. Progresan a buen ritmo. Avanzan metro a metro en un terreno que poco a poco les va ofreciendo mayor resistencia. Treparon por la Fisura Difícil hasta el pie de la Muralla Roja, que salvan a través de la travesía Hinterstoisser situándose al comienzo de las verdaderas dificultades y peligros de esta pared sombría y hostil. Además, ese verano, las condiciones de los heleros en la norte del Eiger son particularmente adversas, con multitud de tramos en hielo negro y quebradizo donde tallar peldaños se convierte en una labor extenuante.

La lluvia y el frío les acompañan durante toda la noche y, aunque las previsiones eran buenas para 4 o 5 días, el Eiger se encarga de desmentir nuevamente los partes meteorológicos. Las cordadas italiana y japonesa que se encontraban en la pared deciden retirarse. El 12 de agosto, no quedan en la pared más que los dos escaladores aragoneses. Desde Kleine Scheidegg se sigue con inquietud la lenta marcha de los dos deportistas que pasan prácticamente todo el día en el segundo nevero. A última hora consiguen llegar al vivac de la muerte y pasar ahí la noche.

Al día siguiente tienen la última oportunidad para bajarse, pero deciden continuar con la ascensión. Su avance es lento. A las 7 de la tarde logran por fin situarse bajo la Chimenea de la cascada. Desde abajo se teme por el deselance final y Luis Alcalde, temiendo por la vida de sus compañeros, comienza a gestionar un rescate con el presidente de Montañeros de Aragón, Eduardo Blanchard. Mientras tanto, Rabadá y Navarro se ven obligados a pasar otra noche bajo la lluvia y la nieve.

A primeras horas de la mañana del 14 de agosto es Rabadá quien toma la cabeza en el último largo de la Chimenea bajo duras condiciones. Cuando logran situarse sobre el nevero superior de la rampa han pasado cuatro horas: es el tiempo que han necesitado para escalar 40 metros. Toni Hiebeler anotará como Rabadá tiene que dar hasta treinta golpes para tallar un peldaño cuando un alpinista en buenas condiciones debería hacerlo en tres. Tres días en la pared sin apenas descanso, ni comida, ni bebida les llevan al límite. Tras avanzar las dos terceras partes de la Travesía de los Dioses a un ritmo descorazonador, deciden detenerse y pasar la noche en una cornisa que cuelga 1.600 m sobre el vacío. La tormenta arrecia nuevamente sobre ellos. El jueves 15 de agosto un equipo de rescate se prepara para ascender por el flanco oeste de la montaña y acudir en su ayuda. Han escalado hasta que no han podido más.

ARTÍCULOS RELACIONADOS



Rabadá y Navarro en la norte del Eiger

El desafío

Dirección: Sebastián Álvaro

Canal: Chew Kuznets

Año: 2013 | Duración: 01:00:49

Video+escalada

Al parecer, los montañeros españoles Alberto Rabadá y Ernesto Navarro, que desde hace días intentan escalar el Eiger en los Alpes suizos, se encuentran en dificultades. Según las noticias recibidas, el fuerte temporal que desde hace días se abate sobre la zona impide el avance de los escaladores, mientras que las previsiones meteorológicas para las próximas horas indican que las malas condiciones atmosféricas van a continuar. Algunos equipos de salvamento se encuentran preparados ante una posible operación de rescate de los dos montañeros”.

Agosto de 1963. Las agencias de comunicación se hacen eco de la difícil situación que están viviendo dos montañeros aragoneses en el mayor precipicio de los Alpes: la pared norte del Eiger.

Alberto Rabadá y Ernesto Navarro pronto destacaron por sus escaladas difíciles y comprometidas en paredes que en su época nadie se había atrevido a escalar y que en muchos casos parecían inconcebibles. En el 61 se hacen con el espolón sureste del Firé, el gran reto pendiente que les quedaba en los Mallos de Riglos -vía que le dedican a su amigo, y por entonces presidente de la FEDME, Félix Méndez-. Le siguieron la cara sur del Tozal del Mallo, el espolón del Gallinero y, sobre todo, su vía soñada, la pared oeste del Picu Urriellu. Vías que se convertirían en auténticos hitos del alpinismo en España.

Para entonces, Rabadá ya ha descubierto que la vanguardia del alpinismo europeo tiene en los Alpes su mayor desafío en una pared: la cara norte del Eiger.

Decían que ese viaje no lo cambiarían por nada. Para unos jóvenes alpinistas de economías modestas no había muchas oportunidades de viajar al extranjero.

En los días posteriores a su llegada a Grindelwald el tiempo permanece inestable. Dos veces han atacado la pared, pero han tenido que retirarse después de haber pasado la noche bajo una fría lluvia.

La tarde del sábado 10 de agosto el tiempo parece presagiar, por fin, una mejoría. Esta podría ser la oportunidad que habían esperado pacientemente. A primeras horas de la mañana atacan los primeros resaltes de la pared. Progresan a buen ritmo. Avanzan metro a metro en un terreno que poco a poco les va ofreciendo mayor resistencia. Treparon por la Fisura Difícil hasta el pie de la Muralla Roja, que salvan a través de la travesía Hinterstoisser situándose al comienzo de las verdaderas dificultades y peligros de esta pared sombría y hostil. Además, ese verano, las condiciones de los heleros en la norte del Eiger son particularmente adversas, con multitud de tramos en hielo negro y quebradizo donde tallar peldaños se convierte en una labor extenuante.

La lluvia y el frío les acompañan durante toda la noche y, aunque las previsiones eran buenas para 4 o 5 días, el Eiger se encarga de desmentir nuevamente los partes meteorológicos. Las cordadas italiana y japonesa que se encontraban en la pared deciden retirarse. El 12 de agosto, no quedan en la pared más que los dos escaladores aragoneses. Desde Kleine Scheidegg se sigue con inquietud la lenta marcha de los dos deportistas que pasan prácticamente todo el día en el segundo nevero. A última hora consiguen llegar al vivac de la muerte y pasar ahí la noche.

Al día siguiente tienen la última oportunidad para bajarse, pero deciden continuar con la ascensión. Su avance es lento. A las 7 de la tarde logran por fin situarse bajo la Chimenea de la cascada. Desde abajo se teme por el deselance final y Luis Alcalde, temiendo por la vida de sus compañeros, comienza a gestionar un rescate con el presidente de Montañeros de Aragón, Eduardo Blanchard. Mientras tanto, Rabadá y Navarro se ven obligados a pasar otra noche bajo la lluvia y la nieve.

A primeras horas de la mañana del 14 de agosto es Rabadá quien toma la cabeza en el último largo de la Chimenea bajo duras condiciones. Cuando logran situarse sobre el nevero superior de la rampa han pasado cuatro horas: es el tiempo que han necesitado para escalar 40 metros. Toni Hiebeler anotará como Rabadá tiene que dar hasta treinta golpes para tallar un peldaño cuando un alpinista en buenas condiciones debería hacerlo en tres. Tres días en la pared sin apenas descanso, ni comida, ni bebida les llevan al límite. Tras avanzar las dos terceras partes de la Travesía de los Dioses a un ritmo descorazonador, deciden detenerse y pasar la noche en una cornisa que cuelga 1.600 m sobre el vacío. La tormenta arrecia nuevamente sobre ellos. El jueves 15 de agosto un equipo de rescate se prepara para ascender por el flanco oeste de la montaña y acudir en su ayuda. Han escalado hasta que no han podido más.

ARTÍCULOS RELACIONADOS



Compartir contenido
 

     


 
 


 
 
 
 

info@kissthemountain.com







       © Copyright Kissthemountain 2020 | Bajo la atenta mirada de las caras norte de Sierra Nevada | Granada. Spain      -       Términos del servicio | Privacidad | Política de Cookies


 

 


     

info@kissthemountain.com

       © Copyright Kissthemountain 2020
Bajo la atenta mirada de las caras norte de Sierra Nevada
Granada. Spain